3 lecciones que todas las empresas deberían “esnifar” de la marca más adictiva: Netflix

Aunque Netflix ha sido noticia hace unos días por sus últimos y poco lustrosos resultados trimestrales, el célebre servicio de vídeo en streaming puede seguir presumiendo de ser una de las empresas más envidiadas del mundo. Las cifras hablan, al fin y al cabo, por sí solas. Con apenas 20 años de edad, la compañía capitaneada por Reed Hastings tiene una capitalización de mercado de 165.000 millones de dólares (más que el todopoderoso Disney). Y en la última edición de los premios Emmy la empresa californiana ha logrado apresar nada más y nada menos que 112 nominaciones, más que ninguna otra cadena de televisión y plataforma de vídeo en streaming (y por delante de HBO, líder en este prestigioso certamen durante nada más y nada menos que 17 años).

De Netflix, cuyo crecimiento ha sido tan vertiginoso como apabullante en el transcurso de los últimos años, las empresas pueden aprender las valiosas lecciones que disecciona a continuación Bill Taylor en un artículo para Harvard Business Review:

1. El Big Data es poderoso, pero el Big Data más las buenas ideas obran el milagro de la transformación

Netflix es un titán de la tecnología cuyas analíticas, algoritmos e innovaciones han dado la vuelta como a un calcetín a la manera en que la gente ve las películas y las series de televisión. Sin embargo, la tecnología (a menudo portentosa) de Netflix ha estado siempre al servicio de un único objetivo: levantar los cimientos de una plataforma que echa raíces no tanto en cómo el espectador ve el contenido como en aquello que éste consume con delectación (en auténticos maratones).

La multinacional estadounidense dispone de toneladas y toneladas de datos de sus 125 millones de suscriptores y con ellos ha levantado un imperio en el que el consumidor (y sus gustos) están siempre en el centro. Y lo están porque en Neflix la tecnología es súbdita de una fenomenal estrategia (y no la inversa).

2. Para provocar la disrupción en una industria hay que sufrir antes (en primera persona) la disrupción

Netflix encaja a la perfección en la disrupción “made in Silicon Valley”. Aun así, lo que más llama la atención en Netflix es cómo se ha clavado a sí misma el punzante puñal de la disrupción en aras de hacer realidad su misión como empresa.

La compañía echó andar allá por 1997 colgándose del brazo de una pequeña innovación: enviando DVDs por correo y aboliendo las multas que imponía el por aquel entonces todopoderoso Blockbuster a quienes alquilaban películas y las devolvían tarde.

Después de hacer trizas a Blockbuster Netflix decidió reinventar su modelo de negocio y pasó a emitir en streaming las series y las películas que antaño alquilaba en formato físico. Y en la actualidad,  tras otra fenomenal y acrobática pirueta, compañía debe su fama sobre todo y ante todo a la creación de contenido propio. No en vano, invertirá sólo durante este año la friolera de 12.000 millones de dólares en series y películas de producción propia.

Netflix es el gigante que hoy todos conocemos gracias a haberse atrevido a desafiar las convenciones y a no verse jamás limitado por sus propios éxitos y estar permanentemente mirando hacia adelante, en busca de “the next big thing”.

3. La estrategia es cultura y la cultura es estrategia

La mayor parte de los análisis sobre el auge y la reinvención de Netflix enfatizan la estrategia y la tecnología que forman parte de su portentoso y exitoso ADN. No obstante, aquello por lo que más destaca quizás la empresa de Los Gatos es por el acento que pone en su propia cultura y cómo ésta es asimilada por su capital humano.

A la hora de reclutar personal y hacer promesas a ese personal, tomar decisiones y compartir información, e incluso a la hora de organizar las vacaciones de sus empleados, Netflix ha inventado (y reinventado) una serie de prácticas diseñadas específicamente para conectar (sin provocar cortocircuitos) lo que la compañía aspira a conquistar en su sector con la manera en que organiza su propio lugar del trabajo.

En un documento en el que Netflix desmenuza los principios por los que se rige su propia cultura la empresa recalca que en su organización son bienvenidos (y convenientemente recompensados) aquellos que dicen lo que piensan y logran hacer brotar de sus labios ideas que redundan en beneficio de la compañía (por mucho que tales ideas resulten increíblemente incómodas), que son críticos con el status quo, que toman decisiones difíciles sin atormentarse y que se permiten el lujo de ser vulnerables (para así poder toparse de bruces con la verdad).

¿La moraleja? Que para aspirar a ser grandes, las compañías (y Netflix es un perfecto ejemplo de ello) necesitan trabajar de manera tan distinta (y peculiar) al modo que en que compiten con sus rivales.

Via: Marketing Directo

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