Las marcas están muy interesadas en los millennials, ya que estos consumidores se han convertido en una especie de promesa del maná para el futuro. Los millennials son el grupo que se está posicionando ahora mismo en el epicentro del consumo y serán los grandes compradores del mañana, lo que hace que las compañías estén más que preocupadas por no dejar escapar la oportunidad de seducirlos. Sin embargo, comprender a los millennials no es nada fácil y las marcas tienden a cometer ciertos errores de peso cuando se acercan a ellos.

Lo principal es tener en cuenta que los millennials no son solo un cambio en la demografía, sino que también son un cambio en el consumo. Ellos buscan cosas completamente diferentes a las que buscaban las generaciones anteriores y las marcas tienen que ser capaces de ofrecérselo. Y, además, tienen que evitar caer en las mismas trampas que todas las marcas caen,

Pensar que todos los millennials son iguales

Este es el primer error de bulto y posiblemente el más grave. Las compañías tienden a pensar que ya lo han comprendido todo cuando escuchan un par de cosas sobre los millenials y que ya no tienen que esforzarse mucho más por comprender a este grupo demográfico en cuanto se han hecho con un par de generalidades. Como en todo, quedarse con las generalidades es un completo y absoluto error, ya que nunca nada se puede explicar con un par de definiciones que lo simplifican todo. Los millennials son un grupo complejo, en el que no todos sus miembros son iguales.

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Los estudios han de hecho señalado ya la existencia de distintos tipos de millennials. Por lo menos existen cuatro grupos diferentes dentro de la muestra demográfica, entre los que solo uno de esos grupos encaja con el completo cliché de lo que supone ser un millennial. Entre las diferencias existentes entre los diferentes grupos existen cambios en desde cómo se enfrentan a las cuestiones privacidad hasta en qué momento deciden comprar el producto que se está poniendo de moda.

Cubrir a medias con las expectativas de estos consumidores

Uno de los errores que están cometiendo las empresas, como apuntan en una recopilación de éxitos y fracasos en relación con los millennials de Business Insider, es pensar que cualquier cosa con ciertos apellidos puede servir para cumplir con lo que los millennials esperan. Entre los millennials están funcionando, en general, muy bien aquellos productos que encajan con ciertas características.

Aunque jóvenes, por ejemplo, los millennials sienten inclinación por los platos gourmet, los sabores diferentes y las apuestas que los sorprenden, al tiempo que no son tan receptivos ante el fast-food de siempre. De ahí que algunas marcas hayan conseguido triunfar reinventando platos clásicos de esta última gama dándole un toque gourmet, como ocurre con la pizza, pero que los grandes gigantes hayan fracasado intentando hacer versiones de ello. Pizza Hut lanzó en Estados Unidos sus propias pizzas gourmet, con sabores del mundo. Fueron un fracaso, ya que no eran en realidad productos que cumplían con la idea generada. Eran, como bien señalan en el artículo, productos ‘pseudo-gourmet’.

Perder las nuevas oportunidades de venta

Los millennials están entregados al comercio electrónico y les gusta hacer parte de su compra (o toda) en la red. Internet es además uno de los elementos que puede ayudar a que los millennials respondan a productos que se han quedado fuera de sus intenciones de compra.

Una de las cosas que se repiten sobre los millennials es que ya no compran aquellos productos que sus padres compraban siempre, como es el caso de casas y coches. ¿Pero es esto cierto? Lo que a los millennials, apuntan los expertos, no les gusta es el sistema de siempre para comprar coches. No les gusta ir al concesionario y enfrentarse al comercial que intenta meterles un coche por los ojos. Por ello, aunque en general está cayendo la compra de coches entre esos grupos de edad, quienes han sabido aprovechar el tirón de la red para vender están encontrando un nuevo filón. Los millennials sí están interesados en comprar un coche online.

Y ese es solo uno de los ejemplos. Los millennials son muy receptivos a las nuevas fórmulas y estas se pueden convertir en la llave para llegar a ellos.

No estar en línea con los nuevos elementos techie

Y este punto nos lleva al siguiente: uno de los fallos más garrafales que se pueden cometer cuando se está intentando llegar a los millennials es el de no tener en cuenta las nuevas obligaciones, por así decirlo, que imponen los últimos adelantos tecnológicos. No tener WiFi en el establecimiento puede ser un error con un perdón difícil de conseguir. Por ejemplo, un hotel que o bien no tiene acceso a internet para sus clientes o que o bien cobra a tarifas desproporcionadas la conexión a la red no conseguirá más que desencantar a estos consumidores.

Lo mismo ocurre con aquellos que han comprendido que tienen que estar presentes en el nuevo terreno de juego marcado por la tecnología, pero que no han comprendido que no vale simplemente con hacer amago de presencia. Hay que estar y hay que estar bien. Las apps son un claro ejemplo. Todos han pensado en lo brillante que sería tener una app, pero no todos han creado un producto que realmente merezca la pena. “Los millennials no se van a descargar una app solo porque te hayas hecho una”, deja claro a Business Insider un experto. “Muchos vendedores invierten en una app móvil, pero a menos que resuelvas un problema con ella los millennials no se van a descargar otra app móvil”, deja claro.

Olvidar o descuidar las redes sociales

Los millennials son una generación eminentemente social. Están en Facebook, están en Twitter, están en Instagram y están en toda cuanta red social les interese. De hecho, han empezado a realizar hasta comportamientos completamente nacidos al calor del social media, como ver la televisión simplemente para criticarla en redes sociales (el conocido como hate-watching) o para simplemente comentarla con un montón de desconocidos vía trending topic. Las redes sociales los acompañan a todas partes y en ellas vuelcan muchas de las cuestiones de su día a día. Las marcas tienen por tanto que estar presentes en las mismas.

Pero estar presente en redes sociales no se basa simplemente en subir una foto de cuando en cuando a Facebook o en publicar un tuit de forma ocasional. Las redes sociales obligan a generar una conversación constante y también a cambiar la estrategia asociada a la misma. Estar en redes sociales implica entrar en esa conversación y hacerlo con sus reglas de juego. Las marcas tienen que aprender a ser más cercanas, más espontáneas y más transparentes si quieren que su presencia en redes sociales llegue realmente a sus consumidores millennial.

Un artículo publicado en Puro Marketing