Resulta paradójico que en la era en la que mayor cantidad de información poseemos sobre los usuarios cada vez nos cueste más captar su atención. El crecimiento y adopción exponencial de las nuevas tecnologías que cada vez surgen con mayor rapidez han modificado los hábitos de consumo. Ahora es el consumidor el que tiene el poder en sus manos y todo lo que hemos venido haciendo hasta ahora ya no vale.

Un escenario al que las marcas tienen que hacer frente cada día y en el que resultar relevantes es una ardua tarea. Las estrategias comunicativas de las compañías pasan ahora por dirigirse a personas dinámicas en base a dos conceptos: adaptabilidad y versatilidad.

Ya no es una opción para las marcas el contar con presencia en todos aquellos canales en los que el usuario esté presente. Y es precisamente la tecnología la que ha puesto de manifiesto la cantidad de retos que aún tenemos por delante.

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Se ha iniciado una frenética carrera por incorporar las nuevas tecnologías con el objetivo de dar respuesta a las necesidades de esos empoderados usuarios. Está bien contar con una visión así pero las prisas nunca han sido buenas. Puede que no debamos poner toda la carne en el asador incorporando hasta el último avance que llega a nuestras manos para satisfacer unas demandas que quedan perfectamente identificadas en un solo término: volatilidad.

Las marcas corren numerosos riesgos al adaptarse demasiado rápido a las nuevas herramientas en los cada vez más numerosos canales y plataformas. Debe tener en cuenta que nos movemos en un terreno en el que los elementos cambian de forma constante, por lo que puede que todos los esfuerzos que realicemos para implementar una determinada tecnología se queden obsoletos en poco tiempo ante la llegada de nuevos avances.

Nada escapa a la vista de los usuarios y precisamente ese afán por satisfacerlos puede ser visto como una falta de compromiso con una estrategia asentada y férrea línea a seguir. No queremos ser percibidos así en la época de la conciencia social. No queremos ser vistos como ansiosos apostando por todas las novedades que llegan sin pararnos a analizar en qué benefician realmente a nuestro público.

El desafío pasa por adoptar aquellas tecnologías y herramientas que de verdad nos ayuden a asentar nuestra estrategia para cumplir con los objetivos, ideas y valores con los que siempre se ha identificado a la marca. Tres conceptos que no deben variar por la llegada de las tecnologías emergentes sino que su contribución pasa por afianzar la propuesta. Recuerde que su misión de marca no pasa únicamente por responder a las necesidades y demandas de sus usuarios sino que debe resolver problemas sociales con la mejor y más fuerte de sus herramientas: la cultura empresarial.

Un artículo publicado en Marketing Directo