Hace unos días era noticia que Linkedin, la red profesional, al igual que Facebook o Twitter eran miradas con atención por parte de empresas con la intención de contratar a una persona. Como una segunda carta de presentación.

¿Falta de libertad? ¿Coherencia por parte de la empresa? La cuestión es que Internet se ha convertido en un escaparate donde mirar el comportamiento de un posible candidato. Las redes sociales más consultadas por los reclutadores son Facebook, con un 61,5% de interés, LinkedIn, con un 60% y Twitter, con un 35,3%,según revela el último informe Redes sociales y mercado de trabajo, elaborado por Adecco e Infoempleode.

Este tipo de consulta no es novedosa, en realidad desde que las redes sociales aparecieron, los responsables de Recursos Humanos, no han dudado en convertir en una fuente de información extra, los perfiles de los posibles trabajadores.

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No se trata de andar con miedo a la hora de navegar sino de apostar por el sentido común.Si una empresa se plantea contratarnos, en principio la lógica nos dice que lo que hagamos en nuestro tiempo libre no debe ser de su incumbencia, pero ¿y si ese rato libre lo empleamos en hablar mal de la compañía que pretende contratarnos?

Las redes sociales se han convertido en una herramienta para la búsqueda de empleo, y no sólo hablamos de portales como Linkedin. Por lo tanto, éstas tienen su lado bueno, y en nuestras manos está el ofrecer una imagen o marca personal coherente con lo que dejamos plasmado en nuestro currículum.

En resumen, la reputación online es importante cuidarla, son muchos los casos en los que un mal uso de las redes sociales ha llevado al despedido de un trabajador, sobre todo cuando hablamos de bajas, o de tener que salir antes por cuestiones serias, que luego se traducen en una fotografía que un amigo cuelga en una red social, donde se nos puede ver en mitad de una fiesta.

A la vez, aunque resulte obvio, también hay que tener cuidado al dejarse llevar por el impulso de compartir cada instante de nuestro día a día. Como situaciones no muy acordes con el desempeño de nuestro trabajo. Sentido de humor sí, pero sentido común, más.

Un artículo escrito por Joana Sanchez