¿Es posible concentrarse y ser productivo cuando las distracciones, notificaciones y comunicaciones nos abordan constantemente? El Deep working propone diferenciar tareas superficiales de las complejas, que son las que de verdad generan resultados.

Uno de los mayores problemas a los que hacen frente las oficinas modernas son las interrupciones continuas, causadas muchas veces por las nuevas tecnologías (aunque no sólo debido a ellas), y cuya principal consecuencia es la falta de productividad y que los proyectos se eternicen.

Llamadas, emails, notificaciones, mensajes de plataformas de comunicación… son sólo algunos de los continuos estímulos que interrumpen las tareas de los trabajadores, cuya productividad se verá más o menos mermada según su capacidad de concentración, ya que a veces es el propio empleado el que interrumpen una tarea para empezar otra sin haber acabado la anterior.

Esto es el tan manido multitasking, que algunos pregonaron como la panacea para sacar adelante varias tareas a la vez y que al final se ha acabado revelando como un freno a la concentración y la productividad.

En medio de un escenario de trabajo donde reinan las distracciones, el Deep Working surge como alternativa para lograr la concentración que hace falta sobre todo cuando hay que sacar adelante proyectos o realizar un esfuerzo intelectual. Este enfoque defiende los tiempos más pausados frente a la inmediatez de las nuevas comunicaciones y concentrarse durante un periodo más o menos prolongado en un sola tarea.

El Deep working no se ajusta tanto a las tareas superficiales, que en su mayoría se puede automatizar, sino en las más complejas (o profundas, de ahí su nombre) y de las que se obtiene mayor rendimiento. Aunque puede parecer casi imposible adoptar esta estrategia en medio del maremágnum de interrupciones, hay herramientas para invertir más tiempo en actividades de trabajo profundo:

  • Priorizar y diferenciar tareas superficiales e importantes: en una dinámica de trabajo habitual da la impresión de que hay mucho por hacer y de que no hay tiempo para nada más. De todas esas tareas, hay que identificar las que generan un rendimiento a la compañía y por tanto son más importantes.
  • Fijar tramos horarios fijos para dedicarlos a una tarea concreta: identificada la tarea prioritaria de la semana, el siguiente paso es fijar una franja horaria fija para dedicarle y convertirlo en un hábito.
  • Desconectar del email/ mensajería instantánea: hay estudios que revelan que en una jornada de 8 horas podemos llegar a mirar la bandeja de entrada una media de 74 veces. Sabiendo que la mayoría de trabajadores muestran índices de rendimiento más alto en las primeras horas del día (hasta las 10), una opción puede ser evitar consultar los sistemas de comunicación habituales durante ese tiempo.
  • Cambio de chip: las nuevas tecnologías han favorecido una dinámica de trabajo en la que prima la inmediatez y el always-on. Si mandamos un mensaje esperamos que nos respondan enseguida, y del mismo modo los demás esperan que estemos siempre disponibles por si surge algo. Este escenario obliga a estar permanentemente pendiente de los canales de comunicación e impide concentrarse en otras tareas. El Deep working aboga por una retroalimentación más pausada, que deje tiempo a las tareas complejas.

 

Vía | Fast Company