Cuando alguien crea una compañía, por pequeña o grande que sea, sólo tiene en mente una única cosa, la rentabilidad. Evidentemente, no es algo que se consigue de la noche a la mañana, sino que conlleva esfuerzo, trabajo, dedicación y, por qué no decirlo, tomar las decisiones adecuadas. Una de las premisas para llegar a ser rentable es vender lo máximo posible –algo básico-, ya sea un producto o un servicio, y alcanzar ese punto de equilibrio que dé paso a los beneficios. En otras palabras, no sólo hay que conseguir que te vean sino que hay que ir más allá y lograr que eso que han visto lo compren, o lo que es lo mismo, es necesario convertir.

Con esta premisa en mente, si un negocio es eminentemente online es necesario implementar herramientas en los procesos de venta para aportar una experiencia diferencial al usuario que permita potenciar esa “conversión” a clientes. Herramientas que les acerquen a la realidad y que favorezcan la puesta en escena de nuestros productos y servicios haciéndolos más atractivos a ojos de los internautas. ¿Y qué herramienta o formato es el más óptimo para mejorar ese “engagement” tan deseado? Sin duda alguna el vídeo.

Según un estudio del portal lancetalent.com el 15% de los usuarios que ven vídeos en internet llega al punto de venta –ya sea online y offline- y compra el producto. A esto hay que añadir que el 80% de usuarios reconocen recordar mejor una marca o un producto a través de un vídeo. Y es que no hay que olvidar que el vídeo no es sólo un canal de fidelización de clientes sino también de obtención de nuevos.

El texto e imágenes son básicos, pero rara vez logran aportar la sensación de realidad y trasmitir todas las sensaciones que aporta el vídeo. Además, ya no sólo sirve como herramienta de marketing sino que también da soluciones, divierte e incluso expone un problema con su consecuente solución.

Otro de los puntos clave del formato audiovisual es la confianza que trasmite al usuario. Hace años las compañías se limitaban a mostrar imágenes a la hora de vender sus productos, pero de un tiempo a esta parte podemos ver vídeos de cómo sienta en realidad una prenda de ropa en movimiento o, como en nuestro caso, en plataformas de alquiler y compra de pisos donde aporta una dosis extra de confianza al futuro cliente que puede ser determinante.

En concreto, según un whitepaper de Exponential titulado “Engagement: Not Just a Buzzword” el 57% de los compradores online que ven un vídeo tienen una mayor confianza en su compra. Además, se ha observado que 60 segundos es el tiempo que los consumidores utilizan para visualizar un vídeo de una marca. Sin duda, el formato vídeo aporta grandes beneficios a las compañías, sobre todo a las online, que no tienen la posibilidad de mostrar sus productos en vivo. Y es que los consumidores están hasta seis veces más dispuestos a navegar por una web con vídeos en comparación con una que no tiene. Ni que decir que los sites con vídeos en sus páginas de producto consiguen un 79% más de conversión, según indicaba el estudio ‘Video Commerce Report’ de Liveclicker.

En lo que respecta a los beneficios del vídeo, a los ya conocidos como generar emociones o mejorar la fiabilidad, se encuentran dos más que son claves e intrínsecos a la capacidad de Internet. El primero es la posibilidad de ser compartidos de manera masiva o lo que es lo mismo, ser virales. Los vídeos tienen dos características clave que dan pie a esto, la primera es su gran capacidad de emocionar al espectador, y la segunda, la facilidad con la que se comparte. Si a esto le sumamos la repercusión de las redes sociales y la posibilidad de llegar a millones de personas en un segundo -un vídeo emitido en España puede emocionar al momento a alguien de Japón- nos da una visión del valor que tiene a la hora de convencer a un posible cliente.

El segundo es que mejora el SEO, una aspecto indispensable de todo negocio online. Hay que tener en cuenta que existen muchas más posibilidades de aparecer en los primeros puestos de Google con un vídeo que con otro tipo de formato, ya que los buscadores, y más concretamente Google, lo valoran de forma muy positiva.

En definitiva, el vídeo no es la panacea ni la salvación de cualquier negocio online pero, sin duda, es una pieza clave para generar confianza y hacer de los visitantes, clientes. Un formato que le da un toque de “off” al “on”.

Un artículo escrito por Daniel Tallón