Siempre tienen trabajos pendientes, están muy liados, pero nadie sabe exactamente con qué están. Son empleados muy ocupados pero improductivos, los que podríamos llamar nuevos vagos en la empresa. Cuando se mide su rendimiento respecto al resto de compañeros es cuando realmente se ve su eficacia.

Además esto no significa que se vayan a su hora, más bien lo contrario, suelen ser de los que se quedan más tiempo porque están tan liados que no han podido finalizar tal o cual tarea de un proyecto dentro de su horario laboral. Suelen ser grandes impulsores del presentismo en la empresa. Y cuando el jefe se marcha, ellos salen detrás.

El nuevo vago de la empresa se vuelve más introspectivo

Hasta hace poco norma que fueran grandes usuarios de las salas comunes, del office donde se ubica la máquina de café o pasaran largas estancias en los baños. Pero ahora ni siquiera es necesario. Los smartphones han abierto una nueva dimensión para este tipo de empleados, que pueden pasar todo el día clavados a su mesa sin tocar ni un sólo papel de la empresa.

Contestarán algún que otro correo, con copia a todo el mundo, para que todos sepan que están trabajando en este tema, buscando una solución, etc. Incluso puede que en un ímpetu desmedido por estirar las piernas y relajar la vista vayan a la mesa de otro compañero, a preguntar algo.

Lo que sea pero rápido que estoy muy ocupado es su respuesta comodín

Al contrario que hace unos años, este nuevo vago en la empresa ni siquiera tiene que ser social dentro de ella. Puede ser una persona más reservada, al fin y al cabo se relaciona con sus verdaderos amigos a través del smartphone, mensajería instantánea, redes sociales, etc.

Incluso se pueden llegar a convertir en empleados tóxicos. Creando mal ambiente entre sus compañeros, todo con tal poner el foco de atención hacia otros y ellos seguir tranquilos en sus distracciones cotidianas.

Incluso los hay muy ocupados de verdad

En algunos casos, los grandes maestros del escaqueo incluso sacan adelante multitud de pequeñas tareas, la mayoría de ellas intrascendentes o sencillas. Son los procrastinadores de las pequeñas tareas, dejando los proyectos importantes, que suelen ser más complicados para más adelante. Y claro, luego siempre necesitan ayuda.

Al final es problema es cómo se mide la productividad en la empresa, o simplemente medirla por un parámetro diferente que no sean las horas que se pasan calentando la silla. No se tienen datos concretos, más allá de algunas sensaciones, que en muchos casos resultan engañosas.

Un ejemplo sencillo es la comparación con un teletrabajador. Puede que no esté presente en la empresa, y sin embargo haya resuelto muchas más tareas que otro compañero que está en la empresa todo el día deambulando, de una lado para otro. Pero ¿quién lo evalúa?

Un artículo escrito por Carlos Roberto