¿Sabía que en los 13 álbumes que Jay-Z ha lanzado al mercado cita los nombres de al menos 62 marcas diferentes? Un dato no menos curioso que el hecho de que una de las películas más vistas del pasado año, “The Lego Movie”, sea el mayor despliegue de product placement del que hemos sido testigos hasta este momento. Pero más raro aún resulta el hecho de que, de no haber intervenido el Gobierno francés, una pareja habría llamado a su hija Nutella.

Se estará preguntando que tienen en común estos tres hechos aparentemente inconexos. La respuesta es muy sencilla: adoramos a las marcas. Pero ¿quiere decir esto que nuestra vida necesita del exacerbado corporativismo o es que requerimos expresar nuestras identidades a través de sus creaciones? Vayamos al principio.

Desde los albores de la Humanidad hemos recurrido al lenguaje visual para dar sentido a nuestro entorno y poder protegernos de los peligros. Las primeras religiones y tribus constituyeron las bases de las primeras marcas verdaderas a través de la representación de fuertes ideales que generaban emociones y sentimientos por los que muchos incluso estaban dispuestos a morir.

Damos un salto en la historia y llegamos a la Revolución Industrial donde latecnología se erigió como el gran motor de nuestras sociedades, Las marcas quedaron reducidas a distinciones funcionales como la calidad y el precio como elementos con los que seducir a los consumidores.

Pero esto no es suficiente. Necesitamos establecer una conexión emocional con las marcas. Las compañías se dieron rápidamente cuenta de la necesidad deconectar con el consumidor y los primeros ejemplos los vemos en icónicas campañas como la que lanzó Nike en 1988 bajo el claim “Just Do It”. No se trataba sólo de vender si no de crear todo un estilo de vida.

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Comenzaba así la era en la que las marcas se convertían en vehículos para satisfacer nuestras necesidades y enriquecer nuestras vidas. Ya no se trataba únicamente de vender un producto, recuerdan desde imediaconnection.com.

Esto ha provocado en la actualidad un cambio en el equilibrio de las influencias. Como ya hemos visto, las marcas a día de hoy responden directamente a algunas de nuestras necesidades con tanta fuerza como podrían hacerlo otros grupos culturales, sociales o políticos.

Cuando las marcas conectan con nosotros les estamos dando un gran poder y, cuando no lo consiguen, lo pierden con grandes dificultades para recuperarlo. En esta nueva era de reciprocidad: ¿quién es realmente la marca y cuál es el vínculo? Los límites del concepto de branding nunca habían estado tan poco delimitados.

Un artículo publicado en Marketing Directo