¿Pondrías en tu tarjeta de visita que eres experto/a en algo?¿Te presentarías como experto a ti mismo cuando conoces a alguien en un evento profesional? Cuando hago este tipo de preguntas mucha gente me responde casi sin pensar con un NO rotundo. Cuando les pregunto la razón por la que se niegan de esa manera a posicionarse como expertos las razones suelen estar relacionadas con creencias o temores sobre la imagen que pueden transmitir. Prepotencia, soberbia, falta de modestia y muchas otras parecidas.

Lo cierto es que durante los años que llevo trabajando en Marca Personal, me he encontrado a gente tremendamente valiosa, a grandes expertos y a autoridades en su materia que rechazan con disgusto presentarse a si mismos como profesionales muy entendidos o hábiles en su campo que es la definición de experto en el diccionario.

Es cierto que en estos tiempos en los que todo se confunde, han llegado a mezclarse conceptos como el de Gurú o Experto. En mi opinión, el gurú depende más del reconocimiento externo mientras que el experto se basa principalmente en unos conocimientos y experiencia contrastada y demostrada.

Como en tantos otros aspectos relacionados con la Estrategia Personal y el Branding Personal, el problema para posicionarse no es técnico o de recursos sino de temperamento, creencias y prejuicios. Y cuando nos dejamos llevar por ese enemigo interior que nos paraliza, no hacemos más que perder oportunidades.

Hace unos meses, impartiendo un taller a un grupo de profesores de universidad del mundo del derecho, una de las asistentes me decía que ella era humilde y modesta y que, por lo tanto, todo esto de mostrar tu valor y tus logros era algo que le disgustaba mucho. Sin embargo, me decía que constantemente publicaba artículos en medios académicos y especializados y eso no le parecía mal. ¿No es absurdo? Es como si hubiese sitios permitidos para dar a conocer tu valía y, sin embargo, si apareces en otros te conviertes en prepotente, vanidoso y “divo”.

Por otra parte siempre digo que ocultarse, callarse y no divulgar algo que puede ser útil a los demás no sólo no es modestia ni humildad sino más bien egoísmo porque estás privando a tu entorno de algo que puede servirles. Y en este matiz está la diferencia. Creo que lo malo no es dar a conocer lo que haces sino poner el foco en ti mismo. No se trata de señalarte y decir que eres la leche, eres un genio y que “tu lo vales” sino de hacer lo posible para que sean otros quienes lo digan.

Pero como te decía, un experto es alguien muy entendido o hábil en su campo. Un experto no es una persona que sepa más que el resto, lo que ocurre es que su información está mejor organizada. Si eres un experto vas a ser mucho más rápido que el resto encontrando soluciones y esa es una forma objetiva de medir tu “expertividad”.

Lo cierto es que experto lo puede ser cualquiera. En realidad todos somos expertos en algo. Aunque no lo sepas todo ni tengas toda la información sobre alguna materia, siempre vas a saber más de las cosas que te interesan que la mayoría de la gente de tu entorno y eso te diferencia y de hace valioso. En cualquier caso todos sabemos cosas que otra gente no conoce? y podemos utilizarlo.

Seguramente hay algún tema por el que la gente siempre recurra a ti. No tiene que ser nada espectacular, pero si lo piensas, tu ya eres conocido por tus colegas, amigos o familiares como el que “más sabe de?” o ese al que hay que llamar cuando surge un problema o una duda sobre algún asunto concreto.

experto

Un experto debe ser reconocido como aquel especialista capaz de solucionar un problema o satisfacer una necesidad con eficacia. Es decir, debe ser capaz de ofrecer algo valioso. Así que lo que convierte a alguien en experto no es la publicidad o la notoriedad sino los resultados demostrados. Por lo tanto, cuando veas que alguien pone “Experto en?” en Twitter, LinkedIn o en cualquier perfil de redes sociales, lo siguiente que deberías buscar son pruebas de que realmente lo es.

Una de las razones por las que los expertos son ahora más importantes que nunca no es porque lo sepan todo sino porque saben extraer lo importante. En un momento en el que hay exceso de contenidos e información, debe haber alguien que separe el trigo de la paja y sea capaz de procesar y comunicar lo realmente valioso. En Internet es muy fácil distraerse y perderse al investigar sobre cualquier asunto, por eso es importante que existan expertos se sepan seleccionar lo relevante. La sobreabundancia de información hace imprescindibles a los expertos.

Si quieres posicionarte como experto debes tener un plan. El método “tradicional” pasa por aprender, adquirir experiencia, organizar y divulgar información sobre tu tema con frecuencia y regularidad en varios formatos a tu nicho de mercado. No olvides que para que tengan en cuenta, la divulgación de la información es fundamental. Por eso en este momento, cualquier experto que se precie debe estar utilizando Internet para mostrar su capacidad del mismo modo que hasta ahora se utilizaban los libros, las revistas especializadas y los medios de comunicación.

Te guste o no un experto es alguien demandado por nuestra sociedad. ¿Cuantos expertos aparecen cada día en los informativos de radio y televisión sobre cualquier tema?. Nuestra sociedad desea expertos. El mundo de la empresa se mueve alrededor de los expertos y es posible alcanzar ese estatus en tu campo si lo trabajas.

Cuando nos ponemos en manos de expertos, asumimos riesgos. Por eso son valorados. Confiamos en los expertos porque en ellos percibimos indicios que nos generan confianza y credibilidad.

Tu también puedes convertirte en experto si te enfrentas a los mismos problemas una y otra vez. Si llevas tiempo suficiente dedicándote a una materia acabas teniendo un repertorio de soluciones para el 90% de las situaciones que puedes encontrar. Por eso es importante que empieces cuanto antes. Un experto no es más inteligente que el resto, simplemente tiene más experiencia y más amplia, ha estudiado ese tema en particular y tiene la información mejor organizada.

Así que espero que, a partir de ahora, no tengas complejo a la hora de presentarte como experto/a si realmente lo eres y que te cortes un pelo si no tienes ni idea de lo que haces.

Un artículo escrito por Andres Perez Ortega