Leía hace unos días un interesante post en Medium titulado The science of automating and perfecting any skill, cuya idea central era que lograr el automatismo conlleva convertir una habilidad que has aprendido, en algo que forma parte de quien eres, en lugar de en algo que simplemente puedes hacer. La idea me recordó a la frase de Aristóteles «Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito» o, en este caso, un automatismo.

Esta es una idea tremendamente potente que a menudo pasa de largo. Muchas personas confunden con facilidad la diferencia sutil pero profunda entre «tendencia» y «hábito». Digo sutil porque esta diferencia viene marcada por una única palabra: «casi». Así, una tendencia es algo que haces «casi» siempre, mientras que un hábito es algo que haces siempre. Y siempre significa el 100% de las veces. Digo profunda porque, en cuanto a utilidad y retorno, una tendencia y un hábito se parecen tanto como un huevo y una castaña.

Como explicaba el post de Medium, un «automatismo» es un hábito que forma parte de ti. El automatismo es incomparablemente más potente y útil que la tendencia porque, a diferencia de la tendencia, que conlleva un esfuerzo mayor o menor, el automatismo está totalmente libre de esfuerzos.

Como está interiorizado, el automatismo surge de forma espontánea y natural – sin la menor fricción – siempre que aparece la circunstancia que lo dispara. Del mismo modo que una luz brillante te hacer poner el brazo o la mano delante de tu cara para hacer de pantalla, los hábitos se disparan de forma instintiva cuando la ocasión lo requiere. Yo, por ejemplo, capturo cualquier cosa que llama mi atención – sin pensar – al margen de que luego vaya a hacer algo con ella o termine en la basura. Es un automatismo hasta tal extremo que, tan solo unos minutos después, recuerdo haber capturado algo pero ya no recuerdo qué era.

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Como sigue explicando el post, hacer «algo» de forma consciente exige un esfuerzo al córtex prefrontal, que es donde se ubica la memoria de trabajo. Sin embargo, cuando ese mismo «algo» se ha convertido en un automatismo, la mente consciente puede desentenderse de ello, liberando hasta el 90% de los recursos que antes necesitaba el córtex prefrontal para hacerlo. Esto significa que convertir «algo» en un automatismo te permite hacerlo con un 90% menos de esfuerzo intelectual o, lo que es lo mismo, te vuelve un 90% más eficiente intelectualmente hablando. Impresionante, ¿verdad?

Nos quejamos mucho de la falta de tiempo, pero lo cierto es que el campo de mejora, en cuanto al uso que actualmente hacen la mayoría de los profesionales del conocimiento de sus recursos, es inmenso. En concreto, en cuanto al aprovechamiento de los recursos cognitivos para mejorar la efectividad, está todo por hacer.

Ahora que la utilidad de los automatismos ha quedado patente, llega el momento de la gran pregunta: ¿cómo se crea un automatismo? Según los expertos, la clave está en lo que se conoce como «sobreaprendizaje» o «sobreentrenamiento» que, en lenguaje sencillo, se traduce en repetir, repetir y repetir, de forma incansable, como magistralmente explica Yesid Barrera en su video atrévete a cambiar un hábito.

Hablamos de «sobreaprendizaje» o «sobreentrenamiento» porque nos movemos en un nivel superior. Con el aprendizaje y el entrenamiento aprendemos a hacer bien cosas nuevas, pero las seguimos haciendo de manera consciente. Si además de hacerlas bien, queremos hacerlas de manera inconsciente, es decir, convertirlas en automatismos, tendremos que ir más allá, es decir, tendremos que «sobreaprender» o «sobreentrenar».

A los resultados se llega por tendencias. La magia de la repetición constante, la esencia detrás de las MASS, es que repetir, repetir y repetir de forma sostenida y sostenible nos lleva de hacer algo simplemente bien a hacer algo de forma automática, es decir, de hacer algo bien «con» esfuerzo a hacer algo bien «sin» esfuerzo, ya que ese «algo» ha pasado a convertirse en parte de nuestra esencia personal.

Como decía Ortega, «tú eres tú y tus circunstancias». Yo te digo algo más: «tú eres tus hábitos y ellos son tu efectividad».

Un artículo escrito por Jose Miguel Bolivar