Uno de los retos más frecuentes para un docente es encontrar la fórmula para motivar a los alumnos a aprender, y más aún, que los inspire y les contagie de entusiasmo para tener esperanza en su futuro y a estar convencidos de que se puede lograr una buena vida haciéndola extraordinaria. Con motivación, todo es más fácil en el aula. El maestro motivador e inspirador logra involucrar más a los alumnos en los proyectos de clase, genera más debate y participación, estimula preguntas y convence de las bondades del esfuerzo logrando que los alumnos se fijen metas retadoras y realistas con la autoconfianza de que pueden lograrlas.

Un buen profesor se define con varias características: porque conoce mucho de su área de estudio, porque es bueno para transmitir los conocimientos, porque lo hace de una manera amena e interesante o porque combinan todas estas cualidades. Sin embargo, no todo se relaciona con asignaturas y conocimientos. Hay buenos profesores que se ganan un lugar en la vida de sus alumnos porque comparten sus experiencias de vida y dan consejos para que los estudiantes entiendan la importancia de las decisiones que se toman.

El buen profesor puede ser estricto pero justo; amable pero firme; con buen humor pero siempre manteniendo la sana distancia y el respeto. Pero sobre todo, un buen profesor anima a los alumnos a seguir adelante no solo en los estudios, sino también en alguna situación complicada que enfrenta alguno de sus alumnos y sus palabras de aliento siempre serán recordadas por los alumnos.

Una característica insustituible de un buen profesor es la inspiración. Son capaces de inspirar hasta al más conformista de los estudiantes, son fuente de inspiración para quienes se encuentran confundidos e indecisos y que no encuentran su camino. Recuerdo, en mi caso particular a varios maestros que tenían esta característica insustituible: en la primaria, Sor Genoveva, en la secundaria El Lic. Ramón Longoria y el Prof. Alberto Escamilla, en la prepa el Ing. David Fernández Camargo, en la universidad los Ings. Héctor Garza Sepúlveda, Marín González González, Jaime Aguilera Barraza y Cesar Solís Ortega y en la maestría el Ing. Ignacio Hernández Luna.

La asignatura específica de cada maestro no tiene peso en la inspiración, hay profesores de matemáticas o de biología o de cualquier otra asignatura que llegan a inspirar a los alumnos, también hay profesores de idiomas, de ciencias, de historia, etc. Un buen profesor que inspira, transmite a sus alumnos ganas de hacer algo extraordinario de su propia vida, como dijo Steve Jobs: “Estamos aquí para dar un mordisco al Universo, si no, ¿Para qué otra cosa podemos estar?”

Inspirar a los alumnos es un arte que no todos dominan; los mejores maestros del mundo aplican la inspiración diariamente sin importar la situación, y la aplican cuando más se necesita, te enseñan que tu felicidad no depende de la realidad, depende de tus respuestas a las situaciones que debes enfrentar y te enseñan que en gran parte se encuentra dentro de ti mismo. Mi profesor de etimologías greco latinas nos decía: In te ipso fons laetitia est, la felicidad está dentro de ti mismo. Podrán pasar muchos años pero si recuerdas con cariño a un profesor es porque seguramente se trataba de un excelente profesor. Los profesores que no enseñan con pasión se olvidan pronto, porque no dejan en sus estudiantes aprendizajes para toda la vida.

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Resultaría por demás interesante poder conocer la opinión de los propios estudiantes de hoy acerca de si tienen o han tenido en sus años de estudio maestros que hayan logrado motivarlos, entusiasmarlos e inspirar en ellos expectativas de una vida extraordinaria, de un futuro prometedor y de una disponibilidad a hacer lo necesario para lograrlo.

En los Estados Unidos la agencia Gallup realiza cada año una encuesta entre los estudiantes de secundaria, prepa y graduados universitarios y recientemente pregunto a 230,000 estudiantes norteamericanos acerca de sus profesores y la mitad de los estudiantes de secundaria y prepa dijeron que no tenían un solo profesor que los entusiasmara acerca de su futuro y la tercera parte de los graduados de universidad entrevistados dijeron que no tuvieron un solo profesor que los entusiasmara respecto al aprendizaje.

Cuando los maestros no son inspiradores, los estudiantes pierden muchas oportunidades. Los estudiantes de secundaria y prepa que reportaron tener al menos un profesor que los entusiasmaba respecto al futuro, se mostraron 4.4 veces más propensos a involucrarse y a comprometerse en las actividades escolares con mucho entusiasmo. Estos mismos estudiantes se mostraban 1.9 veces más optimistas respecto a su futuro, comparados con los estudiantes que no tenían profesores inspiradores.

Los graduados universitarios que dijeron que tuvieron al menos un profesor que los inspirara, son 2 veces más propensos a comprometerse en su trabajo que aquellos que no lo tuvieron. También son 1.5 veces más optimistas en todas las áreas de bienestar personal.

Otra encuesta de Gallup revelo que solamente el 30% de los maestros de escuelas públicas en los Estados Unidos, están realmente comprometidos en sus trabajos. Lo anterior significa que 7 de cada 10 maestros no están entusiasmados ni comprometidos con su trabajo. Esta encuesta también encontró que el 13% de los maestros de escuelas públicas que no están entusiasmados ni comprometidos con su trabajo, hacen más mal que bien, ya que además de no inspirarlos, desmoralizan a los estudiantes.

Si el lector no tuvo o no ha tenido algún maestro o maestra inspiradores, pero ha visto la película La Sociedad de los Poetas Muertos, seguramente guarda una muy agradable impresión del Profesor Keating (Robin Williams), quien inspiraba profundamente a sus alumnos y les decía “Make your lives extraordinary”- Hagan de sus vidas algo extraordinario.

Un artículo escrito por Juan Manuel Gonzalez