A nadie le gusta que le odien en su trabajo. Sin embargo, en vista del feo comportamiento que despliegan algunos jefes en su día a día laboral, diríase que su objetivo es ganar a toda costa el título del peor jefe del mundo.

¿Lo peor de fomentar el odio como herramienta de autoridad? Que el odio aniquila el respeto y que quien odia a su jefe termina por no respetarlo. Así de simple (y así de crudo). A un jefe se le puede odiar por muchas cosas, pero sobre todo por los hábitos (absolutamente desquiciantes) que desgrana a continuaciónInc.:

1. No hace un seguimiento de los temas en los que se implica
Y eso mina lógicamente la confianza de sus empleados.

2. Su comunicación es asombrosamente vaga
Cuando un jefe no articula con claridad lo que desea y lo que necesita, los empleados a su cargo se frustran.

3. No controla sus emociones
Cuando las emociones de un jefe están constantemente fuera de control, las emociones de sus trabajadores se desquician también tarde o temprano (por efecto contagio).

4. No tiene una visión clara de las cosas
Si un jefe no tiene claro dónde quiere ir, la compañía que dirige está sumergida inevitablemente en el caos.

5. Peca de tacaño (de manera muy exagerada)
Es normal que un jefe quiera controlar los gastos de su empresa, pero una cosa es esa y otra muy distinta tratar a sus empleados como niños caprichosos que están siempre “pidiendo”.

6. Es un obseso del “micromanaging”
Le gusta revolotear como un helicóptero sobre las cabezas de sus empleados.

7. Tiene rabietas
Que un jefe se comporte constantemente como un niño pequeño saca de sus casillas hasta a los empleados más templados.

jefes-malos

8. Viola los límites personales de sus empleados
Los buenos jefes son conscientes de los trabajadores a su cargo necesitan su espacio para trabajar a gusto.

9. Amenaza permanentemente a sus empleados
Nadie en un puesto de trabajo quiere vivir con miedo. Desea sentirse seguro y apreciado y no estar constantemente amenazado por un villano que parece salido directamente de un cuento.

10. Hace a todos culpables, menos a él mismo
Los buenos jefes asumen responsabilidades, no buscan cabezas de turco.

11. No admite puntos de vista alternativos
Y ofende así la inteligencia de sus propios empleados.

12. Le gusta el cotilleo
Los jefes “cotillas” crean una atmósfera de trabajo siniestra y absolutamente destructiva.

13. Pone su propio éxito por delante de todo
Un jefe odioso se vanagloria siempre de las cosas que él ha hecho, no de las cosas que ha conseguido su equipo.

14. Despliega un comportamiento pasivo-agresivo en su manera de comunicarse con los demás
Los empleados quieren su jefe haga cosas y que hable claro si hay algún problema.

15. Guarda rencor
Nadie va a gusto a trabajar cuando es consciente de que está en “lista negra” del jefe.

16. No sabe lo que es la palabra “feedback”
Y eso pone a los empleados las cosas mucho más difíciles a la hora de progresar en su trabajo.

17. Limita el crecimiento de sus empleados
Los grandes líderes no inhiben sino que promueven el desarrollo de sus trabajadores.

18. Tiene a sus “protegidos” (y se le nota en exceso)
Es casi irremediable que a un jefe le gusten más unos empleados que otros, pero lo cierto es que las mejores empresas funcionan como meritocracias y dejan lo de tener camarillas para el instituto.

Un artículo publicado en Puro Marketing