Papá, no quiero heredar tu negocio

Uno de los grandes problemas de los negocios familiares es el relevo generacional. En muchos casos el padre se ha dejado la vida luchando por sacar adelante un negocio y llegado el momento del relevo se da cuenta de que sus hijos no tienen la misma ilusión que él por gestionar la empresa. Y hay que tomar una decisión o tratar de convencerlos, traspasarlo o cerrarlo.

En muchos casos la razón por la que no quieren estar al frente del negocio es sencilla. Han visto a sus padres pasar innumerables horas, dejarse la vida en su negocio y no quieren el mismo futuro para ellos. Mientras el padre ve un futuro prometedor económicamente para los hijos, estos solo ven muchas horas de trabajo por delante.

Uno de los grandes problemas de los negocios familiares es el relevo generacional. En muchos casos el padre se ha dejado la vida luchando por sacar adelante un negocio y llegado el momento del relevo se da cuenta de que sus hijos no tienen la misma ilusión que él por gestionar la empresa. Y hay que tomar una decisión o tratar de convencerlos, traspasarlo o cerrarlo.

En muchos casos la razón por la que no quieren estar al frente del negocio es sencilla. Han visto a sus padres pasar innumerables horas, dejarse la vida en su negocio y no quieren el mismo futuro para ellos. Mientras el padre ve un futuro prometedor económicamente para los hijos, estos solo ven muchas horas de trabajo por delante.

La clave quizás está en la ilusión. Los padres abrieron la empresa y en muchos casos cumplieron sus sueños. Era lo que habían deseado. Para los hijos muchas veces es una situación sobrevenida. Acaban al mando del negocio porque es lo que se espera de ellos o porque no tienen mucha más alternativa, pero sin la ilusión de sentirlo como suyo, más bien como podrían estar casi en cualquier otro trabajo.

Los padres buscan asegurar el futuro de sus hijos, pero tal vez ponerlos al frente de un negocio donde no desean estar no es lo más inteligente. Mejor traspasar la empresa cuando está en auge y se pude lograr un buen dinero, que dejar que lo echen a perder y hacerlo dos o tres años después cuando es un negocio ruinoso.

O cerrarla, porque en muchos casos la empresa no tiene deudas y es solvente. Tras una mala gestión es sinónimo de cuentas pendientes que al final hay que saldar. Se ha empeorado la situación y se entra en una espiral muy peligrosa. Donde además en muchos casos se acumulan reproches.

Porque esta es otra cuestión. En muchos casos los padres no dejan que sus hijos emprendan su propio camino al frente del negocio. Quieren que las cosas se sigan haciendo igual, a pesar de que el mercado haya cambiado, los clientes evolucionen, etc. Y el resultado no suele ser favorable para ninguno de los dos.

Un artículo escrito por Carlos Roberto

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