Por qué los errores y los fallos en marketing pueden convertirse en una oportunidad

El que tiene boca se equivoca. Eso es lo que dice la sabiduría popular, recordando que equivocarse y meter la pata es un elemento natural, una parte más de la experiencia humana. Al fin y al cabo, nadie es realmente infalible y cometer errores es algo que se debe esperar de la propia naturaleza de hacer cosas.

Sin embargo, cuando se piensa en la estrategia de marketing y cuando se analiza lo que se hace en este terreno, el error parece casi una especie de maldición. Cometer errores y fallar se convierte en una especie de lastre que no se debería permitir, una debilidad en la que no se debería caer. Poco importa si es un elemento más de la experiencia humana: el error en marketing, o al menos eso parece que se está aprendiendo de forma constante y recurrente, se paga caro.

Pero ¿deberían los marketeros ser mucho menos duros con ellos y deberían empezar a aceptar su infalibilidad? ¿Deberían asumir que las posibilidades de equivocarse son elevadas y que por tanto hay que aceptar que esto puede ocurrir e intentar sacar lo mejor de todo ello?

Quizás, equivocarse (aunque siempre hay grados, claro) no es tan malo y de toda esa experiencia se pueden aprender unas cuantas lecciones de valor sobre los propios límites, las prácticas de la compañía o (y no menos importante) la naturaleza de los consumidores.

El potencial del error en marketing
Algunos directivos y expertos en marketing ya empiezan a apuntar en esa dirección, recordando que los errores no tienen que ser escondidos sino asumidos y comprendidos como una oportunidad para cambiar y comprender cosas.

«No es algo que debas esconder bajo la alfombra y pretender que nunca ha sucedido», explica Spencer Burke, vicepresidente de crecimiento de Braze, en un evento de la industria, tal y como recogen en AdExchanger, recordando que los errores pueden estar llenos «de oportunidad» y que cuantos más datos se tengan de los consumidores y del mercado «más se puede comprender qué imperfecciones existen» como también la cara exitosa de la estrategia de marketing. Esto es, los errores dicen claramente lo que funciona pero también lo que hace que la estrategia de marketing llegue a los consumidores.

A veces, de hecho, los errores permiten descubrir casualidades afortunadas. Una empresa de ecommerce envió un domingo una campaña de email marketing pero olvidó que ese domingo era el de la Super Bowl al hacer sus cálculos. Estaban convencidos de que habían quemado una oportunidad, pero los datos del envío les permitieron descubrir en realidad un dato muy útil. En la pausa a mitad de juego, muchos espectadores compran online.

Otros descubrieron, por un mal cálculo de horas, que enviar notificaciones push de una app de ecommerce a media noche tenía un buen retorno.

No es el fin del mundo
Por tanto, los responsables de marketing y de sus equipos no deben mirar a los errores con tanto temor y no deben asumir que un fallo o un mal cálculo se van a convertir en el elemento que eche todo a perder.

A veces, simplemente, hacen que se puedan ver las cosas de una manera diferente y hasta abren nuevas oportunidades. Otras veces, cierto es, los errores no aportan nada, aunque los marketeros tienen que aprender a saber responder a ello y a gestionar el impacto que estos fallos también tienen.

Errar es parte del ciclo natural de la vida y acabará siéndolo también del de la estrategia de marketing. La industria, simplemente, tiene que aprender a vivir con ello y a saber sacarle el mayor beneficio posible.

Vía: Puro Marketing

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