El mundo de la comunicación está viviendo un momento vertiginoso. La revolución digital está cambiando por completo  el modo de hacer las cosas. A nadie le extraña ya encontrarse por los pasillos de las agencias de medios a matemáticos o ingenieros de teleco. El que no haya incorporado a estas alturas a su lenguaje cotidiano términos como big data, algoritmo, programática, real time bidding, dsp, dmp (y cualquier otra combinación de letras con la “d” y la “P”) puede considerarse un dinosaurio de la comunicación.

Y sin embargo, en este entorno tan tecnológico, la tele sigue siendo todavía el tablón al que casi todos se agarran  en esta profesión tan zozobrante. Y para muestra, la cantidad de anuncios de startups que cada vez más proliferan por nuestros bloques publicitarios.

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Nos ha tocado vivir una auténtica transición, entre un mundo nuevo cada vez más cerca,  y otro antiguo que se resiste a ser superado. Hoy nada es blanco ni negro. Se puede defender con la misma pasión la necesidad de maximizar coberturas como todo lo contrario.

La transición va a durar todavía unos años, nadie puede saber cuántos y  el tiempo que tarde en superarse podrá depender incluso del tipo de sector en el que compitamos. Pero no hay duda que antes o después, las cosas cambiarán, del todo y para siempre.

Y entre tanto, las agencias tenemos hoy que ser capaces de vivir entre estos dos mundos, y mientras damos servicio a clientes de la vieja escuela, tenemos que reinventarnos para dárselo a otros mucho más innovadores.

Y si alguien todavía duda de qué tipo de cliente es, le propongo un reto sencillo: pensar en cómo impactar de forma eficaz a un chaval/a de 18 años. Si en la recomendación la TV no baja del 75%, y el digital se queda en el 25% está claro, conservador. Si la TV no llega al 20%, pues ya sabe, lo contrario.

Marcos Martínez de la Escalera
Director de Estrategia y Transformación Digital en Starcom Mediavest Group