Nadie duda ya de que la formación continua de los profesionales marca la diferencia entre una empresa con opciones para hacer frente a los vaivenes del mercado y la que es incapaz de adecuarse a los escenarios cambiantes de una economía globalizada.

Nadie lo duda. Pero a pesar de que esa creencia exista y sea compartida, no significa que se traduzca en acciones concretas. De hecho, la crisis ha mermado la inversión en formación de las empresas. Por una razón clara: el presupuesto. Pero con un planteamiento equivocado: el cortoplacismo.

En un momento de zozobra como el actual, con la incertidumbre de no saber si realmente los reflejos de luz que se vislumbran son verdaderos indicios de un despegue económico, más que nunca no se puede olvidar que la formación corporativa marca la diferencia.

La capacitación de profesionales en competencias es, según los expertos, uno de los instrumentos fundamentales para mejorar en competitividad. “Fortalece su cohesión organizacional, respondiendo, así, a desafíos que plantean la globalización y los cambios tecnológicos, los que exigen una adaptación permanente de los recursos humanos en los procesos productivos”, lo resumen así el economista Eduardo Martínez y la psicóloga Francisca Martínez, de la Universidad de Chile, en un estudio sobre capacitación.

Es por eso que las empresas comienzan a ofrecer diseños de acciones formativas orientadas al desarrollo de competencias y no meramente de contenidos. Las competencias, entendidas como la aptitud, la habilidad y los valores necesarios para poner en práctica los conocimientos adquiridos, son lo que permitirá a los profesionales del Siglo XXI desenvolverse en un escenario profesional caracterizado por la incertidumbre y la competitividad.

Incertidumbre que cobra especial relevancia a la hora de hacer válidas a dichas competencias, donde la adaptación al entorno, la creatividad, la resolución de problemas, la gestión del tiempo o la planificación son habilidades críticas. Sin duda alguna es una labor muy compleja para aquellas empresas no especializadas en la materia, más si cabe a la hora de reunir los requisitos extrapolables a la normativa Europea, y donde su transcripción a la normativa Española (SEPE) hace que pocas empresas sean capaces de proporcionar este este servicio.

No hay excusa, además, cuando la evolución de plataformas de e-learning como Moodle reducen los costes de implantación adaptándose a las necesidades del cliente y aportando la flexibilidad necesaria para adecuarse a los retos que planteen tanto alumnado como profesorado.

Una evolución que está aportando grandes beneficios a las empresas que tienen como piedra angular las Plataformas de desarrollo de Competencias, herramientas siempre alineadas con la normativa Europea que está cambiando el paradigma de la formación. No sólo se buscan profesionales con titulaciones académicas, sino que también cuenten con la acreditación de competencias profesionales como: liderazgo, gestión del tiempo o trabajo en equipo.

No en vano, son plataformas o herramientas muy dadas para la gestión de itinerarios de formación accesible desde cualquier dispositivo. Intuitivas y muy visuales, permiten crear cursos o competencias jerarquizados en varias categorías.

El profesor de una competencia puede ser, a la vez, alumno en otra, gracias a la gestión de roles y mantener, sea cual sea su papel, una comunicación fluida gracias a los sistemas de videoconferencia, las redes sociales, los foros o chats. Con el fin de crear un aprendizaje más autónomo, se ofrece el acceso a wikis, enlaces y mapas conceptuales como recursos educativos, todo ello moldeable a la imagen de la marca y con asistencia técnica y, sobre todo, de manera eficiente, siendo la clave de este tipo de plataformas.

La búsqueda del equilibrio entre la capacidad, los conocimientos, las habilidades y las actitudes es el pilar fundamental en el que se sustenta la capacitación en competencias para mejorar día a día, para que los profesionales sean capaces de innovar, de crear, de soñar… La formación y el desarrollo de trabajadores competentes que aporten valor añadido en todas sus acciones es la base para apostar por las competencias profesionales del Siglo XXI

Tenzing