Les he pedido a los alumnos que se han inscrito en el curso Aprender a emprender que me dejen un poco de información personal para que me ayude a enfocarlo a sus necesidades.

Y esto me responde uno de ellos a la pregunta de qué espera del curso: […] con temores propios de los años, que me hacen conservador; pero quiero superarlos y hacerme emprendedor.

Me encanta.

Aparte de los miedos básicos a hacer el ridículo, fracasar o perder el tiempo, es cierto que con los años nos vamos cargando de obligaciones que nos van añadiendo nuevos temores. En cuanto compras una casa ya estás atado a una ciudad. Cuando tienes pareja ya no puedes tomar decisiones importantes sin tener en cuenta cómo afectan a la otra persona. Si tienes hijos te preocupa darles una buena educación y un ambiente estable. Te haces un seguro de vida, procuras ahorrar, no hacer locuras con tu dinero. Ni con el tiempo: de repente, lo sensato es comer los domingos en casa de los suegros, ir al cumpleaños del sobrinito, tomar el té con la tía Eduvigis, acostarte pronto el sábado porque el domingo madrugas para ir al parque con los niños…

Sin apenas darte cuenta, has pasado de ser un joven con proyectos ambiciosos e ideas descabelladas a ser un adulto prudente y conservador, mucho más preocupado por lo que puedes perder que por lo que podrías ganar.

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Tal vez sea inevitable. Probablemente si decidieras liarte la manta a la cabeza, tirar el móvil a la basura, coger el coche ahora mismo y no parar hasta que llegues al mar, buscar un trabajo allí donde caigas y empezar una nueva vida, no podrías ser feliz por todo lo que estarías dejando atrás.

Aún así, muchos mantenemos el gusanillo de no dejarnos atar por completo por los temores propios de los años. Y convertirte en emprendedor es la mejor manera de vivir aventuras sin poner en riesgo todo lo que has construido hasta ahora.

Hay muchas aventuras que hacen que merezca la pena emprender: la primera venta, la confirmación de que puedes hacer algo que otros valoran y que están dispuestos a pagar, el desafío para hacer las cosas todavía mejor, la superación de un problema tras otro hasta conseguir hacer realidad lo que sólo era una idea loca que rondaba por tu cabeza… y por qué no, como dijo Steve Jobs, hacer mella en el universo. Aunque sea una mella chiquitita en una parte pequeñita del universo.

Estamos acostumbrados a ser un engranaje en una gran maquinaria. Haciendo una función que otros han decidido por nosotros. Nos han educado para eso. Cuando emprendes, tienes la oportunidad de hacer algo en lo que crees, de aportar valor a otras personas (y, por supuesto, recibir valor de ellas), de dejar de ser un engranaje en la máquina de otro para convertirte en ingeniero de tu propia vida.

Así que hazlo. Si tienes temores y eres conservador, hazlo pasito a pasito, para que puedas rectificar tus errores antes de que pongan en riesgo tus obligaciones. Pero hazlo. Empieza a imaginar, empieza a crear y empieza a aportar valor. Deja mella en el universo.

Una observación: si te ha gustado esta entrada, te interesa leer la traducción que hice del manifiesto Brainwashed, de Seth Godin. Puedes leer las tres partes aquí, aquí y aquí.