Fundar una startup, lanzar un producto al mercado, conseguir clientes y crecer con la ayuda de un inversor. ¿Qué CEO no querría eso? En principio parece la hoja de ruta ideal para cualquier emprendedor que quiera marcar la diferencia con su compañía. Y sin duda, superar una ronda de financiación y contar con miles de euros en capital nuevo es muy atractivo, porque permite expandir los horizontes de la startup, pero también comocuentan en Readwriteweb, la entrada de dinero fresco y de inversores nuevos puede acarrear algunos problemas que vamos a tener que saber manejar. Algunos de lo más comunes son los siguientes:

Vender demasiado pronto

Puede resultar muy atractivo convertirse en una startup respaldada por capital riesgo. La empresa comienza a ser conocida en los medios de comunicación; se crea un halo “emprendedor” que envuelve a la startup y todo parece encaminado hacia el éxito. Como consecuencia, muchos emprendedores se “obsesionan” para acceder a este tipo de financiación lo antes posible.

Sin embargo, esta no siempre es la mejor estrategia. De hecho, cuanto más tardemos en pedir financiación, mucho mejor. Cuanto más hayamos crecido como empresa antes de acudir al inversores externos, menos porcentaje de la compañía deberemos ceder (vender) para “levantar” el capital que necesitamos.

Mantener la cultura corporativa

Cuando contamos con recursos económicos limitados, resulta relativamente sencillo ser especialmente riguroso a la hora de valorar dónde gastamos y en qué invertimos. Especialmente a la hora de realizar un nuevo proceso de selección, nos cuidamos muy mucho a la hora de escoger a la persona adecuada, ya que sabemos que un error puede costarnos mucho dinero.

Pero tras acudir a una ronda de financiación, la presión por que nuestra empresa crezca rápido, puede traducirse en una relajación de nuestros estándares de calidad a la hora de contratar y pronto podemos encontrarnos con un buen grupo de nuevos trabajadores a los que realmente no habríamos contratado en nuestra “antigua empresa”.

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Perder el control de la empresa

Una nueva ronda de financiación no siempre implica que el valor real de la compañía vaya a crecer de forma automática. Una vez que coseguimos el dinero, las expectativas de los inversores y en general de todo el ecosistema, se disparan.

Pero si no somos capaces de crecer y hacerlo rápido, podemos descubrir cómo vamos a tener que ir cediendo más poder a los inversores y en términos cada vez menos favorabes para nosotros, de modo que nuestra participación en la compañía corre el riesgo de estar cada vez más diluida.

Gastar demasiado

Dinero llama a dinero. Y con dinero “fresco” en el banco, tenemos en principio todo el poder para llevar a cabo nuestros “planes”: contratar un CTO, contratar una agencia de prensa y relaciones públicas, invertir en anuncios en redes sociales, bonus para nuestros mejores trabajadores, eventos de team building…etc.

Mientras que antes éramos especialmente cuidadosos con todo lo que gastábamos, ahora con dinero que no llegamos a considerar como nuestro en el banco, no es demasiado complicado “ceder a la tentación” y empezar a “quemar dinero” como si no hubiera un mañana. Esta actitud es peligrosa y contagiosa y pronto nuestro equipo de trabajo se preocupará más de la próxima fiesta antes que del crecimiento de la compañía.

Crecer de forma precipitada

Uno de los grandes errores que cometen muchas startups es crecer de forma desordenada y precipitada. Empujadas por los inversores, empiezan a invertir mucho dinero en agresivas camañas de marketing, a contratar a un número creciente de comerciales y a construir una compañía que está por encima de las expectativas reales del mercado.

Crecer por encima de sus posibilidades reales ha sido identificada como la causa número uno que lleva al fracaso de una startup. “Levantar” demasiado capital lleva a hacer creer que la empresa está por encima de sus clientes, que dispone de un modelo de negocio validado y contrastado cuando en realidad, tal vez no sea así.

Excesiva influencia externa

Casi todos los emprendedores son conscientes de que apostar por el capital riesgo suponeperder cierto control sobre las decisiones que a partir de ese momento se van a tomar en su startup. Lo que puede que no les resulte tan obvio, es cómo se va a trducir esa nueva influencia.

Incluso si el fundador o el CEO de la empresa puede seguir manteniendo una mayoría cualificada a la hora de tomar decisiones, puede sentirse presionado para tomar decisiones que en caso de tener las manos libres, nunca tomaría. A veces los inversores puede exigir una estrategia de “exit” antes de que la empresa esté realmente preparada, a veces los objetivos pueden no ser los mismos, etc.

Un artículo publicado en Muy Pymes