¿Un vendedor tiene amigos o clientes?

La pregunta nos lleva a pensar en esos padres que dicen ser amigos de sus hijos. Es decir, juegan a cambiar los roles. Con un hijo puedes tener una relación extraordinaria, casi idílica, pero eso no es obstáculo para que seas tú quien pone las reglas. ¿Los amigos ponen reglas? No.

A la hora de llevar este ejemplo al ámbito laboral, es frecuente que esta confusión se dé. Normalmente por parte del cliente. Cuando una persona se relaciona con otras a diario, pero por motivos profesionales, es difícil establecer una separación entre lo personal y lo profesional. Aunque eso no signifique que no se deba hacer. De hecho, es obligatorio.

Te estimo como persona, pero ya tengo amigos

El problema de confundir trabajo con amistad, no es que dos personas que trabajen juntas se lleven bien fuera del ámbito laboral. El problema viene cuando se mezcla lo profesional con lo personal, perjudicando al que tiene que trabajar.

El pensamiento «ya que somos amigos y nos caemos bien, te puedo pedir este favor», es frecuente y de hecho, se da tan a menudo que esa relación que comenzó de manera cordial puede acabar muy mal. Sobre todo, cuando el «amigo», sólo recibe peticiones para que haga encargos gratis.

La falsa amistad te lleva a ceder en cuestiones que te perjudican

Por ejemplo, el tiempo. Ese amigo-cliente, con el que te llevas tan bien, en ocasiones, olvida que tú ya tienes una vida y tus propios amigos. No eres un ogro, pero sí sabes diferenciar entre roles.

Cuando estás trabajando, inviertes tiempo, dedicación, y pierdes/ganas dinero, si no respetas tu trabajo. ¿Acaso tú le has pedido a esa persona que te regale algún traje de los que vende en su tienda?

La «amistad» empuja a:

-A no respetar el tiempo del otro. -A que la imagen de profesional quede desdibujada. -Perder el tiempo en banalidades que no benefician a ninguno. -Ser un buen profesional no es sinónimo de falta de empatía.

No temer a decir que uno cobra por su trabajo, es el primer mandamiento

Si se nos llena la boca con estas frases y luego, somos los primeros en pedir, pedir y pedir, llegará un momento que el que creíamos erróneamente amigo, te desvelará su identidad y ambos acabarán perdiendo si no existe una madurez y empatía normal.

Un vendedor, por su profesión, puede ser una persona extrovertida, simpática, agradable…, pero al igual que el cliente, paga facturas y tiene gastos. Su tiempo es oro, y al final del día le gusta estar con su familia, no contestando tus mensajes.

Seré frío pero si tienes problemas, ve a un psicólogo

Esa costumbre que tienen muchas personas de monopolizar a un trabajador que se dedica a la venta, es habitual. Piensan que además de vender, son sus confesores, y si bien un día pueden disponer de unos minutos para escuchar, la mayoría no.

Creer que porque pagas un servicio tienes derecho sobre una persona las 24 horas del día, dice muy poco de ti, tanto como cliente como persona.

Es el vendedor el que debe, a riesgo de parecer frío, establecer una serie de pautas o frases directas, con exquisita educación que le hagan ver al que no quiere ver, que su relación es profesional, y si desea desahogarse, él también tiene problemas (incluso más graves) pero sabe que debe dejarlos en casa cuando va a trabajar.

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