Está claro que para alcanzar el éxito en los negocios es necesario romper una que otra norma establecida. Una que otra está bien. Sin embargo, también hay que respetar las leyes del mercado, porque ir en contra de la corriente por mera terquedad puede ser un riesgo demasiado elevado. Pero esta, como cualquier regla, tiene una excepción.

Se llama Mark Cuban y es un empresario e inversionista nacido el 31 de julio de 1958 en Pittsburgh (Pensilvania). Un tipo raro, sin duda, con teorías y convicciones que se alejan de lo común, algunas de las cuales, honestamente, yo no me atrevería a seguir. A él, sin embargo, le han funcionado muy bien y, por eso, se ganó un lugar en la jungla del los negocios.

Aunque creció en el opulento suburbio de Monte Lebanon, en las afueras de Pittsburgh, la suya era una familia de clase trabajadora de origen judío proveniente de Rusia. Desde niño, Mark demostró un gusto por los negocios con un objetivo claro: poder darse gusto para no ser menos que sus compañeros hijos de los ricos de la zona.

Vendió bolsas de basura, fue camarero, instructor de baile (de música disco, muy famosa en los años 70 y 80) y animador en fiestas. Sin haber concluido la secundaria, se inscribió en la Universidad de Pittsburgh y de allí se transfirió al Kelley School of Business, de la Universidad de Indiana, en la sede de Bloomington; se graduó en administración de empresas.

Escogió ese lugar por una razón singular: de las diez escuelas de negocios más populares de la época, era la que cobraba la matrícula más barata. Durante los años que estuvo en las aulas, desarrolló varios negocios pequeños que, si bien no le dieron fama y fortuna, sí lo formaron en el competido mundo de los negocios, el que después conquistaría.

Con el cartón de grado en sus manos, se trasladó a Dallas (Texas), donde el destino le mostró su camino. Fue cantinero en un bar y luego se vinculó a Your Business Software, una de las primeras empresas que vendieron computadores al por menor en ese estado. Poco menos de un año más tarde, sin embargo, se dio el punto bisagra de la historia.

Una mañana, cuando era el encargado de abrir la tienda, no apareció. Prefirió ir en persona a atender un cliente con el que iba a cerrar una venta por 10.000 dólares. A pesar de lo consiguió, su jefe no entendió razones y lo despidió. Era el tercer trabajo del que salía por la puerta de atrás y para él fue suficiente. A partir de entonces, se independizó.

“Pensé que, después de esos tropiezos, ya era hora de comenzar mi propia compañía”, se justificó alguna vez. Entonces, fundó MicroSolutions, una empresa que proveía soluciones integrales y revendía programas informáticos a clientes del sector, incluido CompuServe, en esa época el proveedor de internet más grande del mercado, un dinosaurio tecnológico inolvidable.

De esa relación quedó al descubierto una de las características que distingue a Cuban: su desapego. En 1995, vendió MicroSolutions a CompuServe por 4 millones de dólares, y con los 2 millones líquidos que entraron a su cuenta corriente (después de impuestos) se dedicó a darse la gran vida: viajar por el mundo, beber y disfrutar de la juventud.

Antes de perder el rumbo, sin embargo, se unió con Todd Wagner, compañero de la universidad, y creó Audionet.com. Esta empresa le permitió cumplir un viejo anhelo: transmitir en vivo (audio) los partidos de baloncesto. Utilizó la tecnología del streaming. Un emprendimiento que le permitió entrar a las grandes ligas.

Simultáneamente, y gracias a las abultadas ganancias que acumulaba, sacó a relucir otro de sus talentos: el de inversionista. Aprendió a moverse en el mercado financiero como pez en el agua y con jugadas especulativas con acciones transformó 3 millones de dólares en 20 millones. Entre el riesgo y el emprendimiento, Cuban se hizo multimillonario.

En el año 1999, realizó otra movida maestra: a poco de que explotara la burbuja de las puntocom, que acabó con cientos de empresas de internet de todos los tamaños, vendió Broadcast.com (la nueva versión de Andinet.com) a Yahoo, que pagó 5.700 millones de dólares. Excelente negocio para Cuban, comienzo del fin del famoso buscador, que lo pagó muy caro.

Un año más tarde, volvió a provocar escozor en la industria al adquirir una porción mayoritaria de las acciones de los Dallas Mavericks, el equipo texano de la NBA. Prácticamente nadie le auguró éxito, pero una vez más Cuban se salió con la suya: pagó solo 285 millones de dólares por una empresa que hoy valdría 685 millones.

Diversificar es la estrategia

Además, los Mavericks entraron en la senda ganadora (obtuvo el título en 2011) y nunca arrojaron pérdidas. “Para mí, los negocios son un deporte y yo siempre debo estar compitiendo con todos los que algún día se enfrentarán a mí”, afirmó cuando le preguntaron por qué un empresario de la tecnología invertía en un equipo de baloncesto.

Es parte de una estrategia que le ha resultado muy provechosa: la diversificación de las inversiones, porque sabe que en cualquier momento la bolsa explota y no quiere que su imperio se vaya al infierno. Por eso, incursionó en el mercado de la tv de alta definición, adquirió la cadena de cines Landmark y Magnolia Pictures, una productora de cine.

“Me encanta el espíritu emprendedor, porque eso es lo que hace crecer a este país. Si puedo ayudar a las empresas a crecer, si estoy creando empleos, si estoy sentando las bases para las generaciones futuras, envío el mensaje de que el sueño americano está vivo y bueno, explica Cuban. El suyo, al menos, se ha cumplido de forma maravillosa.

Según Cuban, “el 99 por ciento de los pequeños negocios puede empezar sin capital. Es más cuestión de esfuerzo. Las empresas no fallan por falta de capital, sino por falta de cerebros y por la falta de esfuerzo”Con inteligencia, sagacidad y arriesgadas maniobras, más mucho trabajo y aprendizaje de los errores, él se convirtió en un emprendedor modelo.

Una de las razones por las que algunos fracasan en los negocios es por limitarse a copiar el esquema que hizo millonario a otro. Cuban nos enseña que no hay libreto alguno establecido y que la mejor estrategia es crear tu propia estrategia. La suya, se sabe, tiene poco de convencional, pero ha demostrado ser altamente efectiva. ¡Y eso es lo que vale!

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Un artículo escrito por Alvaro Mendoza