4 trucos científicos para lograr tus propósitos de año nuevo

Se acerca el momento de hacer repaso del año que termina y hacer propósitos para el próximo. Habrá quien haya podido tachar todos los propósitos de su lista, pero también habrá muchas personas que la tengan libre de checks a estas alturas del año. Y es que cumplir todos los propósitos de año nuevo no es sencillo.

Normalmente se trata de retos complejos, que nos proponemos en un día especial porque sabemos que posiblemente en otro momento no lo haríamos. El problema es que, si no los cumplimos, nos frustramos, y posiblemente no lo volvamos a intentar. Es más, puede que no volvamos a intentar ni ese propósito ni ningún otro.

Por eso, para evitar que esto ocurra, antes de decidir cuáles serán nuestros propósitos de año nuevo debemos pararnos a pensarlos con calma. Una vez seleccionados, para cumplirlos también debemos tener en cuenta algunas consideraciones. No se trata de intentarlo sin más. Veamos algunos trucos que, sin ser infalibles., pueden hacernos la tarea al menos un poco más sencilla.

¿Por qué buscamos propósitos de año nuevo?

Antes de adentrarnos en los trucos para cumplir los propósitos de año nuevo, es interesante conocer por qué nos proponemos estos propósitos.

Es algo muy habitual en el mundo occidental. ¿Pero cuál es el motivo? La clave parece estar en algo conocido como “efecto del nuevo comienzo”. Este fue descrito en 2014, en un estudio en el que se señalaba que existen puntos que marcan nuevos comienzos, en los que somos más propensos a intentar crear nuevos hábitos.

Estos son por ejemplo los cumpleaños, en los que abandonamos una edad y saludamos otra nueva, el fin de las vacaciones, con su vuelta a la rutina, o incluso los lunes. Estas fechas, a las que, por supuesto, se suma el fin de año, hacen muy sencillo establecer límites, de manera que diferenciemos entre lo pasado y lo que está por venir. Son puntos de referencia temporales, que nos permiten diferenciar muy bien el “antes” del “después”.

Además, es momento de descartar los fallos del pasado, por ser responsabilidad de un yo anterior. Todo esto es un motivo ideal para establecer propósitos de año nuevo. Pero cuidado, porque no todos son igual de fáciles de mantener.

Elige bien tus metas

A la hora de establecer propósitos de año nuevo, los expertos coinciden sobre todo en dos consejos.

Por un lado, no establecer muchos retos de una vez. Podemos plantearnos una meta, trabajar en ella y, una vez que la consigamos, pasar a la siguiente. O quizás un par de metas de una vez. Pero no muchas, pues así solo conseguiremos saturarnos y será mucho más difícil cumplir los objetivos.

Por otro lado, es recomendable pensar muy bien los propósitos de año nuevo para que sean algo realizable. Si se trata de retos muy complicados y no los conseguimos nos frustraremos y será contraproducente. Algo en lo que coinciden algunos estudios es en que se cumplen más fácilmente los objetivos que plantean algo nuevo, en comparación con cambios en lo que ya existe. Por ejemplo, es más fácil proponerse caminar cinco días a la semana que dejar de jugar a la videoconsola para combatir el sedentarismo. El objetivo es muy similar, pero el planteamiento es totalmente diferente. Uno elimina un hábito, cosa muy complicada. El otro crea uno nuevo, algo más sencillo.

Lógicamente, eso no quiere decir que no debamos eliminar hábitos. Dejar de fumar, por ejemplo, es uno de los propósitos más sanos que podemos hacernos. Pero debemos pensar muy bien cómo lo planteamos y, además, tener en cuenta que no será tan fácil de cumplir como la creación de nuevos hábitos.

Comparte tus propósitos de año nuevo

Varios estudios señalan que compartir nuestros propósitos de año nuevo con otras personas puede ayudarnos a mantenerlos, ya que tendremos su apoyo en los momentos de flaqueza. Además, si son propósitos que se puedan llevar a cabo en grupo, sería aún mejor.

Por ejemplo, podemos empezar a ir al gimnasio con amigos. Así, todos se retroalimentan y es más fácil crear el hábito con el paso del tiempo.

Prueba a escribir tus metas

Si tenemos pocos propósitos de año nuevo, podríamos memorizarlos sin más. O, como mucho, guardarlos en la agenda del móvil.

Sin embargo, se recomienda hacer una lista con ellos, a ser posible escribiéndola a mano, y trabajar sobre ella. Podemos decorarla, utilizar distintos colores o hacer columnas para ir escribiendo el progreso de cada objetivo.

Esto es así por varios motivos, pero especialmente por dos. Por un lado, porque nos da sensación de control. Escribir los objetivos e ir modificándolos a medida que los vamos logrando nos da la sensación de que, efectivamente, todo está en nuestra mano.

Pero, por otro lado, es útil porque nuestro cerebro procesa mejor esa información. Según los neuropsicólogos, existe algo conocido como efecto de generación, por lo cual nuestro cerebro procesa y memoriza mejor aquello que ha creado. Es decir, que es más sencillo trabajar con algo que hemos escrito nosotros que con algo que solamente leemos. Para los propósitos de año nuevo ocurre lo mismo. Será más fácil trabajar con una lista de propósitos escritos por nosotros, que con objetivos difusos en nuestra mente.

Con todo esto ya estaría bien para empezar. Sobre todo, recuerda que el más mínimo objetivo conseguido debe verse como un triunfo. Lograr objetivos alcanzables nos hará felices y nos motivará para seguir en el camino. Y, de todos modos, si algo no se consigue, tampoco debemos frustrarnos. Quizás solo sea cuestión de reformular lo que queremos conseguir en el próximo año.

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