Emprender en un mundo de hombres: he lanzado una compañía independiente de música que trabaja con Julieta Venegas o Mónica Naranjo, ya está en todo el mundo y factura 40 millones de euros

La realidad es que a mí me llevó a emprender la necesidad. La industria de la música fue una de las primeras afectadas por la transformación digital, primero con la piratería y luego con Internet. Yo trabajaba en Virgin como directora de desarrollo internacional y, en 2002, despidieron al 90% de la plantilla.

Aunque yo fui una de las 10 personas que salvaron y trasladaron a EMI, el ambiente y la situación eran tan insoportables que finalmente acepté trabajar con mi entonces novio —ahora es su marido y socio— Nando Luaces, que tenía un sello discográfico especializado en hip hop y una distribuidora física.

Buscando alternativas a la venta de discos decidimos organizar un Festival de Música Urbana. Durante 6 años funcionó bien y nos permitió compaginarlo con el sello y la distribuidora, que iban a menos. El séptimo año, por una serie de fatídicos sucesos, nos arruinamos y tuve que vender mi casa para poder responder a los gastos en que incurrimos.

En 2006 empezamos a interesarnos en la música digital y a desarrollar tecnología muy primitiva; aunque la industria se oponía y luchaba contra la transmisión de archivos de música, intuíamos que el negocio iba irremediablemente por ese camino. Ser pioneros fue una ventaja competitiva y, en 2011, decidimos crear Altafonte y empezar nuestra expansión internacional.

La importancia de creer que vales

Pero, en realidad, mi primer emprendimiento fue el festival. Llegó a reunir a 30.000 personas en Madrid con 4 escenarios, exhibiciones de arte urbano y deporte de riesgo, batallas de gallos y de break dance con grandes patrocinadores. Una auténtica locura que no acabó bien.

Y eso también es emprender. Tendemos a no mostrar nunca nuestra vulnerabilidad, nuestros errores y fallos. He estado mucho en Estados Unidos y la primera vez que fui me quedé impactada. Entonces tenía 21 años y me encontraba a chavales que se lo creían tanto… Allí era normal.

Por ejemplo, uno me decía que era director de cine y yo luego lo veía con unos amigos y una cámara casi de juguete haciendo una peliculita en la calle. Pensaba, ¿será posible? Se creen la hostia. Yo conozco gente en España que es muchísimo más potente y está haciendo cosas mucho más importantes y no se lo creen.

Eso fue un aprendizaje enorme sobre la importancia de creértelo, una especie de iluminación. Me abrió los ojos. Y pensé: la clave es ir por la vida con esa fuerza. Y eso es lo que he hecho. Aún más teniendo en cuenta que soy una mujer en la industria musical.


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Necesidad de representación

Yo no he encontrado muchas dificultades por mi sexo, quizás precisamente porque me lo he creído. Pero existen. A lo largo de mi carrera he ignorado los comentarios machistas, no he hecho caso de las actitudes de menosprecio por ser mujer y he seguido luchando por sacar adelante mi trabajo y mis proyectos.

A veces me he tenido que enfrentar situaciones complicadas, pero he logrado manejarlas con inteligencia emocional y sentido del humor. Es muy típico que cuando llego a una reunión con mi asistente de marketing, que es un chico, le hablen a él como si fuera el jefe. Veo esa desigualdad en muchas situaciones.

Fui presidenta de la Asociación de Sellos Independientes Españoles y en la junta directiva éramos 12 personas. Yo era la única mujer. En 2015, recibí las candidaturas a los Premios de la Música Independiente y vi una gran desproporción entre hombres y mujeres. Apenas había un 15% de músicas presentándose a los premios.

Para mí fue un shock. Entonces se me ocurrió hacer una acción de género. Propuse a toda la junta directiva mirar la situación de las mujeres artistas y hacer una llamada de atención.

Ese año dedicamos los premios a las mujeres. Yo enfoqué el discurso en eso, todas las actuaciones de la gala fueron femeninas, también las presentadoras, quienes entregaban los premios… Quise hacer ruido.

Unos meses después nos juntamos una serie de mujeres que llevábamos años trabajando juntas y sufriendo desigualdades de todo tipo (incluyendo salariales) y fundamos MIM (Mujeres de la Industria Musical).

Desde mi posición, además, intento revertir la situación y en Altafonte el 63% de los puestos directivos los ocupan mujeres.

Últimamente, pensaba que habíamos avanzado mucho en la industria porque cada vez veo más mujeres en puestos que eran tradicionalmente masculinos, como técnicas, ingenieras, jefas de producto, pero el último estudio de género de MIM es claro.

Estamos lejos de la paridad. Más del 80% de las trabajadoras ven que su puesto le requiere una dedicación mayor que la jornada laboral: la principal renuncia es a su vida social y familiar. La mitad de las madres ven que tener hijos es un impedimento para obtener un puesto de trabajo. No ocurre con los padres, cuya proporción se reduce al 12,9%.

Sin embargo, cada vez veo a más mujeres liderando sus propios proyectos, tomando sus decisiones sobre sus carreras sin dejarse manipular y siguiendo su camino artístico. Así que espero que la generación que está por venir se prepare, estudie y no tenga miedo. Deseo que las mujeres crean en sí mismas y persigan sus sueños como yo he hecho.

Yo seguiré haciéndolo. Tengo el deseo de ser muy diferente como empresa, de hacer las cosas muy bien y siempre invirtiendo en tecnología. Estamos continuamente mejorando nuestra herramienta tecnológica para que sea muy fácil de usar, para que sea de las mejores y a día de hoy así lo reconocen.

Quiero cambiar las cosas. Hace poco hemos obtenido la certificación BCorp, la más prestigiosa del mundo, que verifica nuestro triple impacto: financiero, social y ambiental y que no solo queremos ser la mejor empresa de música del mundo, sino la mejor para el mundo. Así es como quiero crecer. Y rodeada de mujeres.

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