Alexis Amaya no emprendió basándose en una tecnología revolucionaria, ni inventando nada nuevo. Empezó vendiendo enciclopedias «a puerta fría». E incluso colchones en salones de hotel, ante decenas de parejas, para terminar aplicando lo que había ido aprendiendo en su negocio y convertirse en uno de los ‘reyes del descanso’.
Hoy dirige Dormitorum, una empresa especializada en la venta de colchones y productos de descanso, que en 2025 superó los 52 millones de euros de facturación y se sitúa entre las más rentables de su sector en España. Aunque en la actualidad su negocio funciona muy bien, cuando repasa su historia recuerda la importancia de las lecciones que le brindaron sus fracasos anteriores
Vender puerta a puerta fue la escuela empresarial de este emprendedor
Tras vender enciclopedias de puerta a puerta, se lanzó a montar su propio negocio. Con cierta inclinación a ser su propio jefe y de carácter inquieto, Alexis Amaya fundó varias empresas basadas en la venta directa a lo largo de su trayectoria. En aquellos pri meros años, lo intentó con cosméticos, productos para el hogar y el descanso.
Fue una época que este emprendedor recuerda como dura, basada en el rechazo constante, pero que a día de hoy considera su principal escuela empresarial. Levantarse cada mañana para vender un producto a quien ni siquiera se lo había pedido le enseñó algo que considera imprescindible para cualquier autónomo: “Resistencia mental, disciplina y método”.
Aquellos años no solo le dieron tablas comerciales, también le ayudaron a entender la importancia de la comunicación. “El emprendimiento es comunicación”, sostuvo en una conversación con este medio. Saber explicar bien qué vendes, por qué lo vendes y qué problema resuelves es, según relató, una ventaja competitiva que muchos pequeños negocios siguen infravalorando.
Las cosas no le iban del todo mal pero la crisis que arrancó en 2008 terminó afectando a su negocio y, en 2012, tuvo que cerrar. Fue el momento más bajo de su trayectoria, una etapa en la que Alexis Amaya considera que “tocó fondo” con deudas, varios proyectos fallidos y la sensación de no tener salida.
Sin embargo, reconoció que, al mismo tiempo, vivió una situación paradójica ya que “cuando desaparecen las expectativas, también lo hace la presión”. El riesgo, explicó, está en quedarse ahí. Con poco más de treinta años, decidió que no podía permitirse el conformismo. Tras un periodo complicado, optó por volver a empezar, asumiendo errores propios y sin refugiarse en excusas externas.
El mayor fracaso de este emprendedor fue el punto de partida de su mayor éxito
Después de la quiebra, Amaya volvió a hacer lo que mejor sabía: vender colchones. Durante un tiempo había trabajado como speaker en presentaciones comerciales en salones de hotel. Charlas de una hora ante decenas de parejas, donde debía explicar el producto, responder objeciones y cerrar ventas en un entorno poco favorable. Aquella experiencia, que hasta entonces había sido solo un trabajo, se convirtió en su principal activo para empezar de nuevo y reinventarse.
Desde casa, sin apenas estructura empresarial y con recursos muy limitados, puso en marcha un pequeño proyecto de venta online y reparto a domicilio, apoyándose en todo lo que había aprendido anteriormente. Él mismo se encargaba de repartir los colchones, con ayuda puntual de amigos y familiares. No había tienda física ni equipo estable, pero sí una idea de negocio basada en su experiencia.
“El colchón es un producto generoso”, argumentó porque “todo el mundo duerme y entiende la importancia del descanso”. A su juicio, «saber explicarlo bien marcaba la diferencia» y eso era lo que, precisamente, sabía hacer él.
Dormitorum creció aplicando método en un sector ya maduro
Tras los primeros éxitos gracias a una web muy intuitiva se atrevió a abrir una primera tienda física en la isla de Tenerife, de donde es natural. Lejos de replicar el modelo tradicional del comercio, Amaya confesó que tomó decisiones poco habituales pero que resultaron positivas para su negocio.
Así, en lugar de locales premium, optó por ubicaciones más asequibles y destinó ese ahorro a atraer clientes activamente. “Con el dinero que cuesta un local en primera línea puedes generar tráfico con intención real de compra”, resaltó.
Dormitorum nació en un mercado dominado por grandes marcas. Para competir, Amaya apostó por la formación y cuidar a su equipo. Este emprendedor considera que sus trabajadores son más que simples dependientes, son “vendedores especializados, con un método definido”.
En este sentido Amaya se mostró orgulloso de que Dormitorum pague salarios por encima de la media del sector y cuide especialmente el clima laboral porque es una cuestión estratégica, ya que “en el comercio, la maquinaria son las personas”.
Este emprendedor consideró crucial este punto ya que cuando los trabajadores están implicados y entienden los objetivos, la empresa es más productiva, eficiente y rentable. “Si tratando bien a la gente consigues mejores resultados, no hacerlo es estúpido”, resumió. Una reflexión que consideró especialmente relevante para pequeños negocios, donde cada empleado tiene un impacto directo en el resultado.
Otro factor clave para el fundador de Dormitorum es no temer a la competencia sin dejar de “vigilarla constantemente”. Para Amaya, que emprendió en un sector maduro dominado por empresas consolidadas, es importante saber qué están haciendo tanto las grandes marcas como los pequeños comercios o los nuevos actores digitales para no dejar de mejorar y no caer en la complacencia.
La clave es escuchar a los clientes y adaptarse al mercado
Por ese motivo aconseja a los autónomos, escuchar a los clientes, adaptarse y asumir que “siempre hay margen para hacerlo mejor, incluso en sectores aparentemente saturados”. No necesariamente siendo más barato, sino afinando procesos, mejorando la atención al cliente o explicando mejor la propuesta de valor. En su experiencia, cuando un negocio no funciona, la pregunta no debería ser qué hace mal el entorno, sino qué se puede hacer mejor dentro del propio negocio.
Para Amaya, este conjunto de cuestiones configuran lo que él denomina el “método Dormitorum”. Una fórmula que considera que se puede replicar y que le ha permitido convertirse en uno de los reyes del descanso empezando desde lo más bajo hasta tener 14 tiendas físicas en Madrid y facturar más de 52 millones de euros en 2025.
