Sólo una generación tiene las habilidades necesarias para lanzar con éxito una empresa

Luke Lintz estaba en el gimnasio en 2016 cuando los cables de sus auriculares se engancharon con el press de banca. No era la primera vez que le ocurría, y el joven de 16 años estaba harto. Por aquel entonces, los auriculares inalámbricos acababan de salir al mercado y Lintz no encontraba muchas opciones. Decidió que era la oportunidad de negocio perfecta. Encontró un producto en China, reunió 10.000 dólares de sus ahorros y los de su hermano mayor (unos 9.200 euros), y juntos compraron su primer lote de auriculares inalámbricos a finales de ese año, el mismo año en que Apple lanzó los AirPods.

Solo hicieron campaña de marketing en Instagram. «Al principio compartíamos básicamente memes, lo que atrajo millones de visitas a nuestro perfil de Instagram», explica Lintz. En lugar de centrar sus publicaciones en los auriculares, publicaban memes y añadían anuncios de los auriculares en los pies de foto. En los primeros seis meses, vendieron las 500 unidades que habían comprado. «Fue el ejemplo perfecto de estar en el momento adecuado con el producto adecuado», afirma.

Los gastos de envío corrían a cargo de los clientes, así que Lintz solo tuvo que pagar la cámara para grabar los vídeos promocionales y una pequeña cuota mensual de almacenamiento. Pudo escalar el negocio a más de 600.000 dólares en ingresos en 2018 (unos 550.000 euros), momento en que se graduó del instituto. «No pensaba que se haría tan grande. Lo hacía solo para producir algo en mi tiempo libre», comenta.

Hace 20 años, el negocio de Lintz habría sido un sueño imposible. Antes de que existieran las redes sociales, con un acceso online tan limitado a productos chinos y servicios como Shopify, montar un negocio similar habría llevado meses de trabajo y mucho dinero. Bernhard Schroeder, director de los Programas del Centro de Emprendimiento Lavin de la Universidad Estatal de San Diego, recuerda que gestionar una web de comercio electrónico requería antes entre 50.000 y 100.000 dólares en software (entre 46.000 y 92.000 euros aproximadamente). «Ahora puedes alquilar Shopify como solución de comercio electrónico en la nube por 50 dólares, (que son 46 euros). La barrera de acceso a la tecnología ha bajado mucho», explica.

Pero hay otros aspectos de la creación de una empresa que también se han vuelto más fáciles. «Antes tenías que conocer a alguien cara a cara y que confiara en t. No podías encontrar fácilmente a otros empresarios, relacionarte con ellos y preguntarles: ‘¿Qué hiciste bien? ¿Qué hiciste mal?», explica Schroeder.

En las dos últimas décadas, el panorama empresarial ha cambiado radicalmente. La facilidad del marketing en las redes sociales, lo barato que se ha vuelto el software empresarial y las herramientas de análisis de datos más accesibles han reducido considerablemente los costes de infraestructura. Lo importante ahora es crear marca. Con una barrera de entrada más baja, los emprendedores se han vuelto más diversos y más representativos de la población estadounidense desde 1996. Y desde 2020, el número de solicitudes de nuevas empresas se ha disparado espectacularmente. En una encuesta realizada por Morning Consult en octubre, la mitad de los miembros de la generación Z afirmaron que querían ser empresarios, y en este nuevo entorno, la generación está especialmente preparada para triunfar. Todo lo que necesitan es una idea, un dominio y un sueño.

Antes de Internet, poner en marcha un negocio era muy complicado. El acceso a estudios de mercado, tendencias del sector y análisis de la competencia, por ejemplo, era limitado y caro. Para darse a conocer, había que anunciarse en el periódico, en la radio o la televisión, o enviar correos directamente a los posibles clientes. Resultaba difícil, por no decir imposible, determinar el éxito de una campaña de marketing, y cada una de ellas costaba un dineral. Probar nuevas ideas y productos requería un inventario físico, una infraestructura cara y grandes esfuerzos de marketing. Y la recopilación de datos para la mayoría de las nuevas empresas era un concepto incipiente.

Hace apenas 15 años, aún no se habían sentado las bases para crear una empresa. Todas las partes mundanas del negocio (contabilidad, creación de una web o gestión de proyectos) requerían mucho tiempo y eran ineficaces.

«Por aquel entonces, emprender no era tan sexy», afirma Martin Warner, veterano empresario y autor de The Startup Story: An Entrepreneur’s Journey from Idea to Exit. Warner cofundó su primera empresa, botObjects, un fabricante de software y hardware de impresión 3D, en 2013, antes de crear otras dos empresas en 2015.

Antes, tu identidad era lo segundo y lo primero era lo que desarrollabas. Pero ahora, muchos dicen que necesitan tener una identidad antes incluso de empezar

«Para mí, al principio, se trataba mucho más de poner en marcha la mecánica», afirma Warner. Esto incluía crear un sistema de contabilidad, definir un modelo de negocio y determinar un método de captación de talentos. Solo entonces, señala, pudo «centrarse en lo realmente importante, que era crear un producto de software».

La tasa anual de creación de empresas (que mide la proporción de todas las empresas que se registran en un año y llegan a ponerse en marcha y contratar) sufrió un duro golpe durante la Gran Recesión, pasando del 10% en 2006 a menos del 8% en 2009, según las Estadísticas de Dinámica Empresarial de la Oficina del Censo de Estados Unidos. La tasa rondó el 8,5% en la década de 2010.

Pero el problema no era que la gente no estuviera interesada en crear una empresa: un estudio de EY de 2016 reveló que el 62% de los jóvenes de 18 a 34 años había soñado con aventurarse a emprender. Pero un obstáculo importante se interponía en su camino: el 42% hablaba de las limitaciones financieras como su principal barrera.

La situación cambió tras la pandemia. La tasa de creación de empresas experimentó su mayor crecimiento interanual en 2021, el año más reciente del que se tienen datos, hasta el 8,9%, y es previsible que aumente a medida que el crecimiento de nuevas solicitudes de negocio se traduzca en empresas plenamente constituidas. Un análisis realizado por GoDaddy en 2023 sobre microempresas (negocios demasiado pequeños o nuevos para aparecer en las estadísticas gubernamentales) reveló que el 61% de los emprendedores menores de 40 años habían puesto en marcha sus negocios en 2020 o más tarde.

En los últimos 10 años, han aparecido en el mercado multitud de herramientas de software que ayudan a los empresarios en ciernes a racionalizar las aburridas tareas administrativas, permitiéndoles centrar su tiempo, atención y recursos económicos en lo más importante. Esto ha hecho que crear una empresa resulte aún más atractivo y asequible para los futuros empresarios.

«En mi época, el espíritu empresarial era el 1% del proyecto», afirma Schroeder, profesor de la Universidad Estatal de San Diego. Él creó su primera empresa en los años 90. «Mirad cuántas universidades impartían cursos de emprendimiento en 1980 y cuántas lo harán en 2024. Las cifras son una locura: eran menos de 100; ahora son casi 2.000», indica. (Según un estudio de 2013, el número de cursos de iniciativa empresarial pasó de unos 250 en 1985 a más de 5.000 en 2008).

En medio de la incertidumbre económica de los últimos años, cada vez más personas se atreven a emprender negocios y actividades secundarias que se convierten en actividades principales. (Casi dos de cada cinco adultos tienen un negocio secundario, según una encuesta de Bankrate de 2023). Y con las herramientas digitales de que disponen hoy en día, crear una empresa es más accesible que nunca.

En España, la imagen que nos ha dejado la pandemia en el ámbito del emprendimiento es algo distinta que en Estados Unidos. Según publicaba Business Insider España en 2022, menos del 10% de la población activa española quería emprender.

Sin embargo, sí hay algo parecido entre ambos países: los jóvenes de la generación Z parecen más lanzados en el tema de los negocios. Y es que, según ese mismo artículo, un 27% de jóvenes entre 15 y 21 años afirmaba que quería ser emprendedor. Una cifra muy superior a la que arroja el conjunto de la población española. Probablemente gracias a ser la primera generación nativa digital, los jóvenes vean más facilidades a la hora de iniciar un negocio online.

Uno de los cambios más significativos en el emprendimiento es el nuevo énfasis en la marca. A pesar de sus impresionantes ingresos en 2018, la empresa de Lintz compró inventario en exceso y acabó con 300.000 dólares de deuda ese mismo año. Para salir de ella, pivotó. Decidió que era mejor construyendo una marca que vendiendo auriculares, así que ese otoño, Lintz convirtió HighKey en una empresa de relaciones públicas y pagó lentamente la deuda.

«Nuestra clientela original creció gracias a las recomendaciones», afirma. Según Lintz, que ahora tiene 24 años, HighKey fue una de las primeras empresas en utilizar la difusión masiva de mensajes directos en las redes sociales como estrategia para captar clientes, entre los que ahora figuran Nicki Minaj, Kevin Hart y Khloé Kardashian. «Fuimos capaces de conseguir 20 millones de dólares (unos 18,5 millones de euros) en ingresos estrictamente a través de los mensajes directos de Instagram, sin hacer llamadas de ventas», afirmaLintz. (Business Insider ha confirmado que HighKey generó 20 millones de dólares en ingresos entre 2020 y 2023).

La estrategia funcionó porque HighKey ya había establecido una marca sólida en Instagram. «La confianza estaba ahí cuando llegamos a la gente. Fue realmente perfecto», añade Lintz.

Los empresarios de más edad a menudo no saben cómo utilizar las herramientas disponibles para conseguir la tracción orgánica que necesitan para competir en el panorama empresarial actual

El concepto de marca personal fue introducido por Tom Peters en un artículo de portada de 1997 para Fast Company. «Para estar en el mundo de los negocios hoy en día, nuestro trabajo más importante es ser el jefe de marketing de una marca llamada Tú», escribió Peters. Hoy en día, tanto si eres un profesional experimentado como si acabas de empezar tu carrera, la marca personal es una necesidad estratégica.

Lintz tiene más de un millón de seguidores en su cuenta personal de Instagram, donde publica vídeos de sus viajes y artículos sobre su trayectoria empresarial. Crear un grupo de seguidores cohesionado como empresario es la forma de conseguir oportunidades de venta y recordar a la gente que existes. «Si no tienes una marca personal es mucho más difícil generar confianza y credibilidad», añade Lintz.

«Antes tu identidad era lo segundo y lo primero era lo que estabas desarrollando», explica Schroeder, de la Universidad Estatal de San Diego. Pero ahora, muchos dicen que «necesitan tener una identidad antes incluso de empezar, y entonces quizá la gente crea en mi identidad aunque aún no haya propuesto nada», añade.

En ninguna parte se ve más claro este concepto que en el auge de la economía de los creadores, que mueve 250.000 millones de dólares (casi 231.000 millones de euros). Con las redes sociales y las herramientas de creación de contenidos, crear una marca personal es un negocio. En cuanto empiezas a producir contenidos que atraen seguidores, puedes conseguir colaboraciones con marcas, contenidos patrocinados y ventas de productos. Cada vez más, los empresarios se convierten ellos mismos en el producto.

Hay una generación especialmente preparada para triunfar. Los miembros de la generación Z han crecido en Internet, por lo que son naturalmente expertos en navegar por el nuevo panorama. En una encuesta realizada por ZenBusiness en 2023, el 78% de los encuestados de la generación Z afirmaron que ser empresario era el trabajo más accesible, y el 69% dijo que aprendieron sobre negocios a través de la propia investigación y los vídeos online. Uno de cada tres miembros de esta generación dijo en una encuesta de Instagram de 2023 que la mejor manera de salir adelante financieramente era «siento tu propio jefe de una u otra forma».

Schroeder explica que ha visto a muchas personas de entre 30 y 40 años con la intención de crear una empresa, pero que al querer hacerlo se enfrentaban al vertiginoso ritmo de la innovación tecnológica. «La buena noticia es su experiencia. La no tan buena es que no son nativos digitales», afirma. Los empresarios de más edad con los que habla a menudo no entienden cómo utilizar las herramientas disponibles para conseguir la tracción orgánica que necesitan para competir en el panorama empresarial actual. «Es un juego totalmente distinto», comenta.

Si la tendencia continúa, la búsqueda de la iniciativa empresarial por parte de la generación Z está a punto de cambiar el panorama económico. «El efecto podría ser un crecimiento tremendo con la llegada de nuevas empresas de tipo disruptor. También creo que la generación Z, a largo plazo, creará empresarios más amables. Creo que serán mejores con lo que construyen, mejores con lo que no desperdician, mejores ayudando en su comunidad local. No será el dinero por el dinero», afirma Schroeder.

Queda por ver si estos emprendedores triunfan en el mundo de los negocios: el 30% de las nuevas empresas fracasan en dos años, y la mitad no superan los cinco años, según la Administración de Pequeñas Empresas. Pero gracias a las herramientas a nuestro alcance, cada vez más gente puede dar una oportunidad a sus ideas. «Hay mucha más saturación. Pero los jóvenes no lo ven así», comparte Warner.

Eve Upton-Clark,

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